ECOS DEL SUR    14 de abril de 2004        

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NICARAGUA, DESDE LA VISIÓN CAMPESINA

Dos beneficiados de un proyecto financiado por Manos Unidas nos envían la siguiente carta:

El himno nacional de Nicaragua evoca en una de sus partes algo que para nosotros los campesinos resume nuestra característica y forma de ser: "el trabajo es tu digno laurel..."

Los que habitamos en el campo conocemos la magnitud de esta expresión. La realidad histórica de nuestro país es bien elocuente, somos una nación mayoritariamente agrícola. Tenemos de las más fértiles tierras del continente y es una verdadera bendición de Dios.

La injusticia social, entendida como el aprovechamiento de las riquezas que genera la actividad agrícola y ganadera de parte de una minoría que históricamente se han hecho de una vida muy cómoda a costa de la explotación de la fuerza laboral de los campesinos, siendo el sector social más desprotegido y olvidado de la política nacional.

Desde el fondo de nuestro corazón, calladamente le gritamos a Nicaragua: "Patria nuestra, con todo el dolor del alma tenemos que decirte que te han convertido en un infierno". Te pedimos perdón por esta expresión agresiva, pero es lo que vemos y sentimos.

A pesar de todo, en nosotros se ha formado una actitud de lucha incansable para mejorar nuestra condición de vida, superar el hambre, enfermedades y otras necesidades de nuestras familias. Nos quitamos la camisa y nos lanzamos de sol a sol para arrancarle a la tierra el fruto que necesitamos. Sabemos que nuestro esfuerzo no es valorado por el gobierno. No hay canales de comercialización ni financiamiento. Caemos obligatoriamente en manos de los intermediarios y nuestros productos no tienen buen precio.

Sabemos y conocemos que los desastres naturales, las guerras interminables, las luchas políticas y la depredación histórica de las riquezas han sido los factores que han agravado la situación del campesinado.

Toda esta situación de sufrimiento del pueblo, no ha pasado desapercibida para la comunidad internacional. Se ha notado y movido la solidaridad de diferentes gobiernos y ONG, no se han hecho esperar, están presentes, han escuchado el clamor del pueblo.

En la zona de Nueva Guinea, por ser zona agrícola y por las realidades de la posguerra y de desastres naturales, varias ONG han enfocado su ayuda particularmente al campesinado. Pero en realidad, esas ayudas han servido para mejorar el nivel de vida de unos cuantos burócratas. Si algunas familias han sido favorecidas, son aquellas que están ubicadas en áreas cercanas a la carretera. La mayoría de comunidades carecen de camino accesible y se quedan sin ser atendidos. Si son tomados en cuenta, es solo para hacer nuevos pedidos. Según cálculos, solo el 25 por ciento de cada dólar es lo que llega al campesino.

A la luz de la fe e iluminados por las experiencias de las primeras Comunidades Cristianas (Hch2, 42-47), hemos venido convenciéndonos que solo organizados desde nuestra fe y propias realidades, superando el individualismo y las diferencias de credos, podemos enfrentar y solucionar todos los desafíos. Es motivo de individualismo y las diferencias de credos, podemos enfrentar y solucionar todos los desafíos. Es motivo de alegría notar que la experiencia de varios grupos ha crecido gracias a la organización y formación adquirida. Es larga, penosa, compleja, pero los resultados en la producción de estos grupos son gratificantes. Esto es indicador de que estamos haciendo lo correcto. Falta mucho que aprender, pero estamos llenos de esperanzas y motivaciones, dispuestos a corregir errores y procurar la optimización en el aprovechamiento de todos los recursos a nuestro alcance.

Gracias Manos Unidas, gracias a todas las personas de buena voluntad que hacen posible este apoyo económico para una vida más digna y justa para nuestras familias campesinas. Gracias por el apoyo a la acción Pastoral Campesina de nuestra Parroquia San Martín de Porres de Nueva Guinea y del Vicariato Apostólico de Bluefields.

Edmundo Balmaceda y Aníbal Hernández (miembros de los grupos beneficiados) Nueva Guinea, Nicaragua


  © Manos Unidas 2004

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