ECOS DEL SUR    26 de junio de 2007        

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¡QUÉ MÁS DA QUE SEAN DIEZ!

       La mayor parte de la gente en África no presta demasiada atención a los números, a las fechas, a los detalles.


       La mayoría no sabe qué día nació y otros ni siquiera el año.
       Bodas de esto y de aquello son conceptos extraños e importados que no impresionan demasiado.
       ¡Qué más da que sean 10, 15 ó 25 ó 12 y medio, 17 ó 28 !
       El tiempo pasa y eso es un hecho. La vida se va haciendo de momentos duros y difíciles y de alegrías compartidas.
       El hecho es que el 25 de mayo (muy patriótico lo nuestro), la Misión Sagrado Corazón en África cumplió diez años de vida, de existencia... ¿de supervivencia?
       Documentados y escritos están los acontecimientos que a lo largo de estos años nos tocaron más de cerca o, si quieren, más adentro. Antes relatábamos lo que veíamos, lo que observábamos, ahora lo hacemos en primera persona porque de espectadoras pasamos a protagonistas.
       Nuestras historias están mezcladas con la de ellos, su suerte unida a la nuestra. A veces nos dicen que ya no somos extranjeras sino africanas, que no distinguen el color de nuestra piel, que las palabras que salen de nuestras bocas bien podrían ser de aquí...

¡Y eso sí que es un buen cumplido!

       Hacer un resumen de estos años es un despropósito porque la vida no es un objeto que se mete en lugares estrechos y cerrados.

¡Qué más da que sean diez!

       Pero lo son... Al principio todo estaba por descubrir, los caminos y métodos eran distintos, desconocidos, inciertos, tuvimos que aprender mucho para poder andar con ellos y la paradoja es que seguimos descubriendo y aprendiendo, no se acaba nunca el proceso.
       Anunciar a Cristo es nuestra prioridad y también la de ellos, el Evangelio abre al hombre a la dignificación de su vida, lo pone de pie.
       Aún cuando la acción evangelizadora no sea siempre explícita, unida al desarrollo humano es causa y efecto de una vida mejor.
       La gente puede marchar erguida y mirar de frente a los ojos, recuperar y restaurar lo que estaba roto.
       Las mujeres se saben fuertes si están unidas, se saben invencibles si son sostenidas.
       Los niños pueden crecer, educarse, invertir en ellos justifica muchas cosas, son la esperanza del cambio, de un futuro mejor.
       No hay nada heroico en pasar la vida a su lado, es más bien un privilegio, los pobres con su simpleza nos enseñan qué es lo importante, recibimos y no nos cansamos de recibir. Nos ayudan a poner los valores en el orden adecuado, nos sacan de frivolidades y prioridades equivocadas. Nos ayudan a ser felices con poco.
       Queridos Amigos: gracias por estar a nuestro lado en este tiempo, contamos con Uds. Para el que nos resta, no se olviden que “donde hay pobreza abunda necesidad”, solo dando se puede ser feliz.

¡Qué más da que sean diez!

María Silvia, Lelia y Magdalena


  © Manos Unidas 2004

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