| ECOS DEL SUR 3 de junio de 2003 | |
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| El padre Xavier Zabalo, jesuita con el que Manos Unidas desarrolla varios proyectos en el Congo, describe la situación de violencia y desesperación que viven millones de personas en este país africano, sacudido por una guerra que dura ya cuatro años República Democrática del Congo: una guerra que impide el desarrollo |
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| La guerra en el Congo no ha hecho más que recrudecerse, a pesar de que la retirada de las tropas de ocupación ugandesas y ruandesas había abierto una puerta a la esperanza para poner fin a un cruento enfrentamiento que ha causado ya más de 3 millones de muertos. En las últimas semanas la violencia ha alcanzado un nivel tal que la Unión Europea ha empezado a trabajar en el posible envío al país africano de una brigada formada por cinco mil soldados, en la que sería la mayor operación de la Fuerza de Reacción Rápida. Este despliegue de fuerzas corresponde a una demanda del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, después de que dos de los observadores de la Misión de Naciones Unidas para el Congo (MONUC) resultaran muertos a raíz de los enfrentamientos interétnicos en el noreste del país. Xavier Zabalo, padre jesuita que trabaja en República Democrática del Congo remitió a Manos Unidas (que apoya algunos de sus proyectos en este país) una misiva estremecedora en la que describe desde el terreno, la situación de guerra y violencia que atraviesa esta nación africana. El padre Zabalo invita a imaginar "la degradación sistemática" del nivel de vida que está ocasionando en todo el país "esta dichosa guerra entre rebeldes y poder central, que lleva ya cuatro años" y que según una estimación de la ONU, ha ocasionado un "número de víctimas (directas o indirectas) de casi tres millones de personas". "La gente se está muriendo", añade el relato de este jesuita. "Hay enemistades ancestrales que, bien administradas por los extranjeros, por Uganda y Ruanda, producen matanzas terribles. Entonces ellos pasan las fronteras para "asegurar" la paz. Es de un cinismo desconcertante que la ONU no ignora. ¿Por qué no ponen sanciones contra Uganda y Ruanda?", se pregunta. El análisis que Xavier Zabalo hace de la situación es bastante esclarecedor: "El país está dividido en dos –dice - por un lado tenemos al gobierno de Kabila-hijo, que sucedió a su padre tras una oscura maquinación. Por el otro, el RCD, siniestro movimiento político rebelde cuyas siglas corresponden al nombre de Rassemblement Congolais pour la Démocratie con la presencia masiva de soldados ruandeses y ugandeses, y los dólares de Estados Unidos", explica. Estos últimos, señala Zabalo, "están explotando las minas de diamantes, oro y coltán, mineral de importancia capital en toda la industria de telefonía móvil y en aparatos estratégicos". "Aunque los congoleños rebeldes –matiza- sacan también su tajada de todo esto (si no, no estarían ahí), la parte del león se la llevan estos dos países antes citados y cuando no están de acuerdo en el reparto hacen una guerra entre ellos". El padre Zabalo escribe desde la ciudad de Kisangani, donde reside. Una "ciudad mártir en la zona rebelde". La descripción que de este núcleo urbano hace no deja lugar a dudas: "Aquí, en plena ciudad, ya han tenido lugar tres guerras. Ya no quedan carreteras, la electricidad se corta continuamente, no hay bancos ni cajas de ahorro, ni Seguridad Social, el teléfono no funciona, no hay autobuses, no hay empleo... La gente aquí se mata por la vida, por salir adelante". Del relato podría desprenderse que las esperanzas de futuro no están claras y que el conflicto no vislumbra un final próximo porque, señala la carta, "como dicen aquí, hay moto ya yalala, que es una expresión swahili que quiere decir: hay brasas que todavía no están apagadas (...). "Me acaban de decir", comenta Zabalo "que hay una veintena de soldados apostados al lado de una fábrica de tejidos, en el extremo oeste de nuestro barrio que linda con terrenos de cultivo. La noticia es preocupante. ¿Qué hacen en este lugar soldados armados? ¿Por qué no se van como los demás?". Sin embargo, y a pesar de la oscura situación que describe, el padre Zabalo es optimista cuando hace referencia a los proyectos que la Iglesia tiene en la zona. "Tenemos un despacho diocesano para proyectos de desarrollo y salud, hay un hospital y una serie de dispensarios por toda la ciudad". Xavier Zabalo hace mención expresa del papel que tendrá la Iglesia una vez que el país empiece a funcionar. "La Iglesia sería una fuente importante de desarrollo, que crearía puestos de trabajo, con varias actividades que ahora funcionan con pérdidas: una imprenta, una ebanistería y un garaje. Y podría autoabastecerse, dar un salario digno a sus sacerdotes y financiar proyectos de desarrollo". "En mi parroquia tengo posibilidades de futuro", escribe con optimismo, mientras se refiere a una serie de centros de ocio (sala de espectáculos, terrenos para la práctica deportiva...) que "todavía no pueden funcionar por el estado caótico del país, pero quizá más tarde...". Aunque también reconoce que "otras cosas funcionan penosamente: una escuela de oficios para jóvenes madres solteras, un hospicio para ancianos abandonados que posee terrenos para cultivar". El padre Zabalo no se da por vencido y piensa seguir acompañando a la población congoleña, para sacar al país adelante. "Estamos haciendo una gran campaña de sensibilización frente al horrible problema del Sida y pensamos llevar adelante un programa de ayuda para los seropositivos y los que están en estado terminal". Éstos son sólo algunos de los proyectos. Hay muchos más, que demuestran que aun en las circunstancias más violentas es posible la presencia de personas dispuestas a dar la vida para que en cualquier lugar del mundo sea posible la paz. |
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