Mauritania: huertos de esperanza en el desierto

El desierto es el absoluto protagonista de un territorio en el que solo el 0,5% del suelo es apto para el cultivo. Casi la mitad de la población no tiene asegurada su alimentación y la tasa de desnutrición aguda alcanza el 28%. En este contexto, Manos Unidas financia desde el año 2000 proyectos agrarios para garantizar la seguridad alimentaria de un gran número de mujeres y de sus familias, lo que las convierte en actor clave en el desarrollo de una economía autosuficiente.

Huertos de esperanza en el desierto

La mujer mauritana

El desierto es el absoluto protagonista de un territorio en el que solo el 0,5% del suelo es apto para el cultivo, ubicado en el litoral y la ribera del río Senegal. Como resultado, Mauritania es hoy uno de los países africanos con peor índice de desarrollo humano (IDH) al ocupar el puesto 161 de un total de 187. Casi la mitad de la población no tiene asegurada su alimentación; más de medio millón de personas pasan hambre y la tasa de desnutrición aguda alcanza el 28%, superando el llamado “umbral de urgencia” que la OMS sitúa en el 15%.

Esta inseguridad alimentaria afecta principalmente a las mujeres. De hecho, los hombres tienen mejores ingresos que las mujeres debido a una mayor facilidad para encontrar trabajo. La mayoría de los hogares son monoparentales y están encabezados por viudas y divorciadas a cargo de muchos hijos, sin empleo fijo remunerado y, por supuesto, sin voz ni voto en la sociedad.

En el entorno rural la mujer mauritana trabaja agrupada en cooperativas. La mayoría de estas mujeres son analfabetas, con un nivel muy limitado de organización y recursos. Estas cooperativas promueven el desarrollo de su potencial y su capacidad de producción.

Manos Unidas lleva financiando desde el año 2000 en torno a 40 proyectos agrarios en el sur de Mauritania que garantizan la seguridad alimentaria de un gran número de mujeres y de sus familias, lo que las convierte en actor clave en el desarrollo de una economía dinámica y autosuficiente.

En diciembre de 2015 visitamos un proyecto agrario de una cooperativa de mujeres situado en un barrio marginal de Kaedi. Las beneficiarias son mujeres muy pobres, pertenecientes a la etnia mora y pular. En nuestra visita pudimos comprobar de primera mano cómo está mejorando su calidad de vida.

Con el fin de superar las necesidades económicas y alimentarias de ellas y sus familias, este grupo de mujeres formó la cooperativa agrícola de Nanodiral y compró un pequeño terreno para poner en marcha una huerta de hortalizas. 

Siempre maquinando

Las mujeres de la cooperativa no paran de buscar nuevas ideas para mejorar lo ya logrado; como vender los esquejes sobrantes y reinvertir los beneficios en la huerta, comprar un congelador para hacer cubitos de hielo para la venta o conseguir semillas y herramientas para mejorar la producción. Siempre están maquinando; les hace sentir grandes, independientes y, en un mundo en el que ser mujer parece no valer casi nada, reafirmadas en su dignidad.

Foto Myriam Sagastizábal - Manos Unidas

Mari Carmen Llorca, hermana de las Franciscanas Misioneras de María, lleva más de 20 años en Mauritania y para muchas mujeres es un pilar y un ejemplo a seguir. Mantiene un centro de niños malnutridos y ha puesto en marcha distintos huertos, acompañando a las mujeres en busca de su autonomía.

La alegría de ser autosuficientes

Animadas por su dinámica presidenta, Souba Mamadou, decidieron pedir ayuda a la hermana Mari Carmen Llorca, Misionera Franciscana y responsable de los proyectos de Manos Unidas en esta zona de Mauritania. Con la financiación, compran herramientas, abonos, simientes, construyen un pozo con su motobomba, un pequeño almacén y el cercado del terreno. Gracias a la coordinación y presencia de Sor Mari Carmen, se contratan los servicios de un técnico responsable de la formación de las mujeres en técnicas para la óptima explotación agrícola.

A cada mujer se le asigna una parcela para su autoconsumo y el de sus familias. Por otra parte, disponen de una parcela adicional que explotan de forma colectiva, cuya producción se vende en el mercado y cuyas ganancias revierten directamente en el mantenimiento de la huerta.
Los beneficios de este proyecto son enormes, ya que se mejora sustancialmente la dieta familiar, se reducen las enfermedades derivadas de la desnutrición –especialmente virulenta en los niños-, y se logra un aumento general en la calidad de vida de estas mujeres y sus familias.

En nuestra visita a la huerta, conversando con las mujeres, pudimos comprobar la alegría de sus caras y la seguridad que supone para ellas el ser autosuficientes. Este proyecto de Manos Unidas es un ejemplo de que, con muy poco, es posible mejorar sustancialmente la vida de más de 300 personas.

 

Texto de Myriam Sagastizábal y Clara Gómez. Departamento de Proyectos de África.
Este artículo fue publicado en la Revista de Manos Unidas nº 201 (octubre 2016-enero 2017).

Galería de imágenes: 
Huertos de esperanza en el desierto
Huertos de esperanza en el desierto
Huertos de esperanza en el desierto
Huertos de esperanza en el desierto
Huertos de esperanza en el desierto
Mari Carmen Llorca, hermana de las Franciscanas Misioneras de María, un pilar y un ejemplo a seguir

Consulta las memorias de años anteriores

Conoce nuestras memorias y buenas prácticas.

Transparencia

Suscríbete a nuestra newsletter

Informarse es el primer paso para actuar.

Suscríbete