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Etiopía: Negisti o la lucha por la supervivencia
Es difícil saber su edad, porque ni ella misma la conoce con exactitud. Con toda seguridad son más de 70, incluso de 75, porque sus recuerdos de niñez se remontan a la invasión de Abisinia por parte de las tropas de Mussolini, que comenzó en 1936. Y alguna palabra de italiano sí que conoce Negisti, que habla de manera casi inaudible, como en un murmullo. Siempre rezando, pasa continuamente, casi como acariciándolas, las grandes cuentas de madera de su rosario.
La historia de esta mujer, probablemente una de las más ancianas de Etiopía, donde, según las estadísticas, la esperanza de vida al nacer ronda los 50 años, ha sido tan complicada y llena de penalidades como la historia de su país, estado próspero y rico en los orígenes de la era cristiana y castigado desde hace décadas por hambrunas, dictaduras y conflictos armados, que se suceden periódicamente.
El rostro de Negisti refleja la dureza de la vida y los padecimientos que ha tenido que enfrentar casi desde la niñez. Ahora, prácticamente ciega, camina, casi doblada, arrastrándose, por las calles sin asfaltar y cubiertas de barro de la ciudad donde están transcurriendo sus últimos años.
En Wukro, en la región etíope del Tigray nada es fácil para nadie. Las diferencias sociales son casi inexistentes, porque la pobreza es la característica dominante entre sus habitantes. Las mujeres, generalmente cabezas de familia, trabajan de sol a sol en las tareas del hogar y en otras actividades que les reportan unos beneficios tan escasos que muchas de ellas se ven abocadas a prostituirse para llevar algo de comida a sus casas. Los soldados proliferan en esta ciudad fronteriza con Eritrea, y el aburrimiento y la lejanía del hogar causa estragos entre la población femenina: la tasa de infectadas por el VIH está aumentando de manera alarmante, y las muertes derivadas de la infección por el sida, también.
Negisiti, ha visto morir a su hija por causa de esta enfermedad. Ahora, desde que una muerte violenta y sin sentido le arrebatase también a su yerno, se hace cargo de Seret, su nieto de 15 años. Juntos comparten una habitación alquilada de no más de 15m2: un camastro, un banco de barro y unos cajones de madera en los que guardan todas sus pertenencias.
La anciana cuenta, mientras con una agilidad asombrosa permanece en cuclillas preparando ceremoniosamente café, que pide a Dios todos los días que la mantenga con fuerzas hasta que su nieto se pueda valer por sí mismo. Luchando hasta el último momento, sacando fuerzas de su cuerpo castigado por los años y el sufrimiento. Y agradece también que haya personas que vienen de tan lejos, aunque no sepa muy bien de dónde, para ayudar a hacer su vida más llevadera y, sobre todo, para que su nieto, el joven Seret, tenga la oportunidad de hacer realidad su sueño: estudiar medicina en la Universidad para trabajar en Wukro, donde es tanta la necesidad.
Negisiti y Seret forman parte de uno de los 99 proyectos, que por un importe total de 9.543.064,71 euros, ha apoyado Manos Unidas en Etiopía en la última década.
La mujer en Etiopía
A pesar de que la constitución de Etiopía estipula la igualdad de las mujeres, éstas distan mucho de gozar de los mismos derechos y protección que los hombres. De hecho, muchos de los artículos y disposiciones chocan abiertamente con el Código Civil de 1960, que ponía a la mujer al mismo nivel que los niños y los discapacitados.
Así, las etíopes, sobre todos en las zonas urbanas, tienen menos oportunidades de encontrar trabajo que los hombres y su salario es mucho más bajo.
En Etiopía, sobre todo en las zonas rurales, siguen celebrándose matrimonios prematuros, y los embarazos a edades tempranas son la causa del incremento de mujeres que padecen de fístula obstétrica, y de las desesperantes y humillantes consecuencias de esta lesión. La ablación femenina se sigue practicando, a pesar de las objeciones y recomendaciones del gobierno.
La tasa de mortalidad materna sigue siendo muy elevada, debido, en parte a los problemas alimentarios, a la pobreza, a los matrimonios tempranos y a las complicaciones en el parto derivadas de la ablación.
Los abusos y malos tratos están también a la orden del día y son cultural y socialmente admitidos. Así, según un estudio sobre la violencia contra las mujeres publicado por la OMS (Organización Mundial de la Salud) en 2005, asegura que el 71% de las etíopes han sufrido algún tipo de abuso, físico o psicológico, a lo largo de su vida. La mayoría de ellas, además, creen merecer los malos tratos.
La prostitución infantil continúa siendo un grave problema y el aumento del sida entre niñas a partir de los 11 años, es ya causa de alarma.
También lo son los embarazos no deseados, el tráfico de niños, la pobreza y la falta de acceso a la educación.
Algunos son los pasos, tímidos pero seguros, que se están dando en Etiopía a favor de las mujeres. La mayoría de ellos responden a exigencias de organismos internacionales, que el Gobierno etíope está poniendo en marcha a lo largo del país.
Fuentes: OMS / Afrol News / Banco Mundial

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