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Mujeres productoras: motor de la economía rural y solidaria en Perú

Martes, 3 enero, 2017

Estos dos videos recogen testimonios del proyecto puesto en marcha en Sarín (departamento de La Libertad, Perú) para mejorar el acceso a recursos económicos y productivos de las mujeres asociadas del distrito. Forma parte de una intervención de tres años que culmina en 2017, llevada a cabo por nuestro socio local CEDEPAS Norte con el apoyo de Manos Unidas y el Fons Pitiús de Cooperació.

Sarín es un distrito con un riesgo de desnutrición crónica que afecta al 73,4% de la población. Por ello, una de las líneas de trabajo ha sido la optimización de las actividades agropecuarias y el fomento de alternativas productivas con plena participación de la mujer, mejorando el autoconsumo y comercialización cooperativa de los excedentes. «El proyecto envió técnicos para que nos capacitaran en nuestra crianza de cuyes», según explica en el video Charito Ríos, una de las 141 mujeres apoyadas. «Yo inicié con 30 cuyes y ahora tengo 600».

El proyecto ha apoyado también a 37 hombres de 12 caseríos rurales y ha contribuido a mejorar las huertas familiares. Según Margarita Ruiz, otra de las mujeres participantes, el proyecto ha permitido introducir algunas hortalizas que no se conocían en el lugar: «No tenía estos cultivos que ahora tengo. El proyecto nos ha dado nuevos conocimientos y técnicas para sembrar».

«Antes ni quería yo hablar…»

Una de las problemáticas más importantes es la escasa participación de las mujeres en las asociaciones del distrito. Por un lado, las mujeres no se sienten seguras para ocupar los cargos de decisión en la comunidad y, por otro, los hombres no están dispuestos a ceder el poder que tienen en algunas instituciones. Las mujeres sí participan en iniciativas asistencialistas y de subsistencia, como los comedores populares, pero tienen poca presencia en organizaciones productivas y políticas, lo que provoca que sus derechos se vean debilitados.

En este sentido, el trabajo de género puesto en marcha desde 2013 ha dado sus frutos. «A veces me daba mucha vergüenza hablar…», dice Charito, «pero ahora hemos aprendido a desenvolvernos». Por su parte, Margarita nos cuenta que antes se decía a sí misma que «no tenía tiempo» y se dedicaba solo a cocinar y lavar. «Pero yo creo que sí hay tiempo», afirma.

En un distrito que presenta el doble de mujeres analfabetas que de hombres, los resultados del trabajo de género se aprecian también en la vida cotidiana. Felicita Arévalo, Presidenta del Comité Igualdad Mujer-Hombre de la cooperativa MARKAHUAMACHUCO, está contenta con los cambios que ha percibido en los socios y socias de su organización: «Ahora tienen una vida más equitativa y comparten las responsabilidades del hogar mutuamente».

La preocupante situación respecto a la minería

La región afronta también graves riesgos medioambientales, entre los que destaca el impacto de la minería formal e informal. Existen explotaciones mineras en todo el territorio, con consecuencias a nivel social y medioambiental. A pesar de los beneficios indirectos para aquella parte de la población con actividades económicas en los caseríos cercanos a las minas, la actividad extractiva no ha generado un impacto positivo para la economía rural.

Por el contrario, la contaminación del suelo y las fuentes de agua es ya elevada, lo que ha producido la reacción de los pobladores a través de demandas canalizadas por las organizaciones campesinas. En algunos casos se han registrado agresiones a activistas de los caseríos. Y, lamentablemente, a día de hoy no se ha logrado articular una respuesta conjunta entre organizaciones sociales y autoridades locales para frenar el impacto de la minería.

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