NOTAS DE PRENSA    20 de marzo de 2003        

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En el Día Mundial del Agua, Manos Unidas advierte

En pocos años problema del agua alcanzará proporciones desconocidas hasta ahora


El próximo sábado, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial del Agua, una fecha instituida por la Unesco en 1993 en la que se invita al mundo entero a reflexionar sobre el más preciado de nuestros recursos naturales.

La celebración de este año cobra especial relevancia al haber declarado Naciones Unidas, el 2003 como el Año Internacional del Agua Dulce.

Una resolución en la que la ONU solicita a los gobiernos, al sistema de Naciones Unidas y a los demás actores a "sacar partido de esta oportunidad para sensibilizar a la opinión pública acerca de la importancia de un uso y gestión sostenibles de los recursos hídricos".

Con motivo de la celebración del Tercer Foro Mundial del Agua, que tiene lugar en Kioto hasta el próximo domingo 23 de marzo, Naciones Unidas presentó a primeros de mes el "Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos" (WWDR en inglés), que ofrece la visión panorámica "más exhaustiva del estado del agua en nuestros días" y aprovecha para denunciar que "si persiste la inercia de los dirigentes, la crisis mundial del agua cobrará en los próximos años proporciones sin precedentes".

En este sentido, el Director General de la UNESCO, Koichiro Matsuura, señaló que la crisis de los recursos hídricos es, de todas las crisis sociales y naturales que deben afrontar los seres humanos "la que más afecta a nuestra supervivencia y a la del planeta".

Matsuura advirtió de que ninguna región ni país del mundo podrá evitar por sí sola las repercusiones de esta crisis que "afecta a todos los aspectos de la vida, desde la salud de los niños hasta la capacidad de las naciones para alimentar a sus ciudadanos".

El aumento de la población mundial, la deforestación, el recalentamiento del planeta, el consumo excesivo –en los últimos cincuenta años se ha duplicado el consumo de agua en el mundo-, la contaminación de ríos lagos y arroyos –en la Tierra hay unos 12.000 km3 de agua contaminada, cifra que podría elevarse a 18.000 km3 en el año 2.050 si persisten los actuales niveles de polución-, conllevan hambre, enfermedades, conflictos y destrucción.

La Humanidad entera se enfrenta, en mayor o menor medida, a este problema de enorme magnitud creado, acrecentado y mantenido por el propio hombre. Y es a éste a quien corresponde encontrar una solución justa que permita a todos los humanos tener acceso a un bien tan precioso y, hasta ahora, tan poco cuidado como es el agua.

La previsiones indican que, de persistir esta situación a mediados de siglo, en más de sesenta países, coincidentes en su mayoría con las naciones del sur, sufrirán escasez de agua.

En la actualidad, por lo menos 1.100 millones de personas carecen de acceso al abastecimiento de agua apta para el consumo y casi 2.500 millones adolecen de servicios de saneamiento adecuados.

La inmensa mayoría de estas personas viven en los países en desarrollo.
También el 80 por ciento de las enfermedades en los países subdesarrollados son resultado directo del consumo de agua contaminada. Estas enfermedades provocan anualmente más de 2,2 millones de muertos.

También la falta de agua es una de las principales causas de que a diario mueran de hambre más de 25.000 personas y de que más de 815 millones de seres humanos (777 millones de ellos en el Tercer Mundo), padezcan de desnutrición.

En Manos Unidas trabajamos desde hace más de cuarenta años para mitigar estas carencias. Con los medios a nuestro alcance intentamos evitar que miles de personas entren a formar parte de estas alarmantes estadísticas.

Para ello promovemos proyectos para el desarrollo tendentes tanto a proporcionar acceso al agua potable a los habitantes de las naciones más empobrecidas, como a formar y sensibilizar a estas personas sobre el mantenimiento, el uso y el reparto solidario de este agua.

Como Organización No Gubernamental para el Desarrollo, apostamos por un desarrollo sostenible, solidario y respetuoso con todos los seres de la creación y en especial con los más desfavorecidos, privados injustamente del derecho a disfrutar de los bienes que a todos nos fueron dados.

Para lograr este objetivo, creemos que la participación de las naciones del Norte, afectadas igualmente por esta crisis y causantes, en gran medida, del problema, es imprescindible.

En beneficio de todos, pedimos un cambio de mentalidad y de actitud en la sociedad occidental. Reivindicamos un consumo responsable y una mejor gestión de los recursos naturales, e instamos a nuestros gobernantes a adoptar políticas más respetuosas y solidarias con el medioambiente.

En definitiva, reclamamos el deber y el derecho de todos, de las generaciones actuales y de las venideras, a vivir en armonía con la naturaleza, porque de ella dependemos y a ella nos debemos.

  © Manos Unidas 2004

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