NOTAS DE PRENSA    11 de octubre de 2002        

     | Imprimir | Inicio |


DÍAS DE LA ALIMENTACIÓN Y DE LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA

   Los próximos 16 y 17 de octubre se celebrarán el Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional par la Erradicación de la Pobreza.

   Manos Unidas, como Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en el Tercer Mundo, no puede menos que intentar aportar su grano de denuncia y esperanza.

   Desde su nacimiento en 1960 como Campaña contra el Hambre, en Manos Unidas trabajamos para erradicar la pobreza desde la educación para el desarrollo y la financiación de proyectos de desarrollo. Para alcanzar este fin realizamos actividades que dan a conocer y denuncian la existencia del hambre y el subdesarrollo, sus causas y sus posibles remedios, inspirándonos en el Evangelio y en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, y que permiten reunir medios económicos para financiar los planes de desarrollo encaminados a atender las muchas necesidades de los más pobres (Estatutos, Art. 6º). I
Ante la realidad de un mundo en el que más de 800 millones de personas mueren de hambre, la celebración del Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza debe tener una clara orientación hacia la denuncia y la urgencia de compromisos.

II
Los foros internacionales se muestran incapaces de poner en marcha los acuerdos firmados y de plantear vías de solución o al menos de reducción efectiva de las causas de tanta desigualdad y miseria en el mundo. Las últimas oportunidades se han perdido en dos Cumbres Mundiales recientes: la Cumbre de la Alimentación (FAO) y la Cumbre sobre el Desarrollo Sostenible (Johannesburgo).

En ambas se han tratado listas de problemas espinosos e inaplazables: el escándalo del hambre, el derecho a la alimentación, la soberanía alimentaria, las relaciones comerciales equitativas, la protección y conservación de la biodiversidad, la reducción o supresión de la deuda externa y reconocimiento de la deuda ecológica, el acceso al agua como un derecho de todos, la protección de la agricultura y de la economía de los pobres, el uso de energías alternativas, la adhesión de todos los países del mundo al Protocolo de Kyoto, entre otros.

Algunos se han aplazado de forma indefinida; otros no se han concretado en objetivos que se puedan medir y evaluar; y otros se han eliminado de las propuestas del Plan de Acción, como en el caso de las energías renovables vetado por EEUU y los países exportadores de petróleo. Así se ha dado muestra, una vez más, de la poca fuerza que en el mundo tienen la mayoría de países, los más empobrecidos, frente a unos pocos que acaparan los bienes (muchas veces producidos en suelo de pobres), los medios de producción, el comercio, los medios de información y educación, y el capital.

III
Las personas de buena voluntad no podemos dejar pasar cada oportunidad que se nos presente para tomar postura y cambiar, en la medida de lo posible, nuestras opciones y modos de vida en pro de un presente y un futuro mejor para todos.

Los conceptos que tanto se manejan en los medios de comunicación, documentos y foros sobre desarrollo: justicia social y económica, gestión solidaria del planeta, desarrollo sostenible, soberanía alimentaria..., se hacen, en este momento, urgencias que no deberíamos, ni como sociedad ni personalmente, aplazar por más tiempo.

Hay dos gritos en el mundo de hoy que no es posible desoír ni demorar: el grito sangrante de los pobres, los millones de seres humanos a los que falta el agua, la sanidad, el alimento, la educación, el trabajo digno, la libertad y la paz; y el grito sangrante de la Tierra, a la que hemos agredido de forma sistemática hasta romper el equilibrio y favorecer el aumento de desastres naturales en distintas zonas del planeta.

Los gritos son para ser escuchados y nos llaman a la austeridad voluntaria, al consumo responsable y a la solidaridad con los más desfavorecidos.

El hambre, esto es, que los pueblos no tengan asegurada la soberanía alimentaria, a través del control sobre la producción y consumo de sus propios alimentos, no se soluciona con conciencias removidas, pero, es imprescindible dejarnos remover la conciencia para empezar a dar pasos hacia el bien común.

IV
Hambre y pobreza, dos caras de la injusticia estructural que forma el círculo vicioso que envuelve la vida de millones de personas en los países subdesarrollados. Es necesario reflexionar sobre estos dos problemas, pero sobre todo es imprescindible pasar de las medidas paliativas a la aplicación de políticas estructurales que vayan a la raíz del hambre y de la pobreza.

Desde Manos Unidas pedimos a las personas que ostentan responsabilidades en los sistemas políticos, científicos, tecnológicos y financieros del mundo rico que escuchen también los gritos desgarrados de los más de dos tercios de la población mundial que sufre la pobreza y el hambre, y, conmovidos y en nombre de la justicia, camino para alcanzar la paz, abran para todos una puerta a la esperanza.

  © Manos Unidas 2004

   VOLVER