Con este trabajo puedo mantener a mis hijos

Nisreen Khalid Dawood vive en la planicie de Nínive, en Irak. Es viuda y tiene a su cargo dos hijos. Ha logrado salir del terror con el apoyo de la organización Etana, que lucha por dar a las mujeres las oportunidades que un entorno de pobreza y violencia les niega.

Mujer iraquí en un cursillo de medioambiente.
Nisreen Khalid
Viuda con dos hijos y huida de la violencia de Irak
Área: 

Mujeres marginadas y pobres: prisioneras de la casa

En el mes de enero, nuestra campaña “No hay justicia sin igualdad” nos lleva a Irak, a la Planicie de Nínive, donde, con apoyo de Manos Unidas, la organización Etana se esfuerza por dotar a las mujeres de las oportunidades que les niegan la pobreza, las mafias, la persecución religiosa y la sociedad machista. En Irak hemos conocido la historia de superación de Nisreen Khalid, viuda con dos hijos y huida de la violencia.

La Planicie de Nínive (también conocida como Llanura de Nínive) es un área situada al noreste de la ciudad de Mosul, capital de la provincia de Nínive, donde cohabitan diversas religiones y donde un alto porcentaje de población no es ni árabe y ni musulmana, motivo por el que, a lo largo de los años, la zona ha sufrido serios recortes en los servicios y que la infraestructura sea muy deficiente.

Además, la zona acoge a muchas personas, que como nuestra protagonista, tuvieron que huir de sus lugares de residencia, debido a las persecuciones y a la violencia. 

Nisreen Khalid

Me llamo Nisreen Khalid Dawood y nací en 1986 en la ciudad de Telesquf. Después de casarme me mudé a Bagdad con mi marido. Vivíamos en un piso en el barrio de Dorrah donde mi marido regentaba un comercio de venta de bebidas. Nuestros dos hijos iban al colegio: el mayor al segundo curso y el pequeño al parvulario. Nuestra vida era maravillosa hasta el día que recibimos una carta amenazadora de un grupo terrorista que nos pedía mucho dinero para mantener la tienda. Durante dos meses estuvimos pagando, pero un día, diez minutos después de que mi marido abriera el local, oí unos disparos, algo muy normal en nuestro día a día; pero esta vez había sonado muy cerca.

Sin pensar en mis hijos, abrí la puerta y bajé para encontrarme a mi marido sangrando en el suelo. Grité, pero no obtuve respuesta. Luego abrió los ojos y me dijo “sálvate y salva a los niños".

(…) Huí a Telesquf, donde ahora vivo con mis padres y mis hijos.

Cuando oí hablar de Etana y de los cursos que imparte gratuitamente, me inscribí en los de costura y peluquería. Ahora tengo una pequeña tienda de belleza que, en realidad, no es más que una tabla con algunos productos de maquillaje y una silla. Además, unos parientes me han prestado una máquina de coser hasta que yo pueda comprarme una.

Quiero agradecer a Etana por este trabajo con el que puedo mantener a mis hijos.

Por ahora mi “tienda” es una pequeña habitación que uso de almacén. Permaneceré aquí hasta que tenga recursos suficientes para alquilar otro lugar.

Así actuamos: 

En Irak, en esas condiciones de pobreza, violencia y discriminación, las mujeres son las peor paradas. Su papel en una sociedad marcadamente machista se limita a cuidar de los hijos y del hogar. La falta de formación (la mayoría son casi analfabetas), se refleja en la educación que transmiten a sus hijos: diferenciación entre niños y niñas, menos oportunidades de estudios para las niñas, proliferación de niños trabajadores y matrimonio temprano para las niñas.

A pesar de que el artículo 14 de la constitución expresa la igualdad, en la práctica, nos explican desde Etana, no es así. Cada dos mujeres hacen un hombre. La mujer, por ejemplo, recibe la mitad de la herencia”, aseguran, tras comentar que los hombres no creen en la igualdad porque si las mujeres se igualan a ellos, los hombres perderían mucho, demasiado”. Las mujeres, por ello, se convierten en “prisioneras de la casa: iletradas, marginadas y pobres. 

Incluso las que deben emigrar a la zona por causa del conflicto, que se encuentran con una sociedad represiva en la que no pueden actuar con la misma libertad que tenían en ciudades como Bagdad, lo que les crea graves conflictos internos.  

Para cambiar su situación, Etana, que trabaja en diversas localidades de la región desde el año 2006, propuso a Manos Unidas un programa para formar y preparar a las mujeres con el fin de que puedan desempeñar un oficio. Este trabajo les permite cubrir sus necesidades y fortalecer, así, su papel en la sociedad (informática, primeros auxilios, peluquería…). Además, tiene un programa de medioambiente y reciclaje.

Con los años, son muchos los hombres que se acercan a conocer las actividades y que se involucran en las charlas.

Y serán más, aseguran desde Etana, pero es muy difícil cambiar esas costumbres tan arraigadas.

Brecha entre mujeres y hombres en el mundo
Indicadores % Mujeres % Hombres
Población 50 50
Horas trabajadas 52 48
Dinero en propiedad 10 90
Tierra en propiedad 1 99
Crédito agrícola 2 98
Pobres 67 33
Adultos/as analfabetas 70 30
Personas desnutridas 80 20
Niñez no escolarizada 67 33
Puestos parlamentarios 17 83
Puestos ministeriales 16 84
Puestos dirección económica 14 86
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Galería de imágenes: 
Nisreen Khalid Dawood
Etana. Irak
Etana. Irak

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