Plántale cara al hambre: Siembra - #ManosUnidasSiembra

Manos Unidas con los “intocables” del crematorio de Madurai, India

Jueves, 18 enero, 2018

Este artículo de nuestro compañero Jesús Matsuki nos acerca a los trabajadores del crematorio de Madurai (India) y a la dura realidad que afrontan con el apoyo de Manos Unidas.

Sonriendo a la muerte

«Acércate, que este apenas lleva dos horas quemándose», me dice uno de los operarios sonriendo mientras señala una montaña de arena de la que sobresalen unos palos ardiendo. Sonríen y me miran ilusionados por aparecer en un reportaje. Son trabajadores del crematorio de Madurai. Su labor no querría hacerla ningún ciudadano, por lo que queda relegada a los miembros de la casta dalit, el estrato religioso/social más bajo de la religión hindú –despreciados solo por el hecho de pertenecer a ella-. Llego al sitio donde tanto señalaban y, para fortuna de quien escribe y de su siguiente digestión, el cuerpo no está a la vista. Los responsables de la ONG «Rural Organization and Development Trust», socia de los servicios sociales de Madurai, son quienes me acompañan.

Con la colaboración de Manos Unidas y bajo la supervisión y coordinación de los servicios sociales de la diócesis, imparten formación a estos trabajadores en hábitos higiénicos, de salud y de conocimiento y defensa de sus derechos en el ámbito sanitario y social. Además, se ha logrado evitar que muchos niños trabajen en estas tareas, práctica todavía presente en el ámbito rural.

El lugar parece una construcción abandonada: vigas de hormigón visto con un tejado de apariencia inacabada, sin paredes y suelo de arena. No hay más. Los ritos unidos a la muerte son diversos en el hinduismo, aunque hay muchos elementos comunes como la preferencia de la incineración frente al entierro. Quien puede permitírselo, paga a un brahmán -sacerdote- que realiza la ceremonia, los ritos al recoger las cenizas y supervisa la cremación del cuerpo con leña. Cerca hay un crematorio eléctrico. Es más rápido, pero también más costoso. En la mayoría de los hogares hay más paciencia que dinero...

Madurai - Foto Jesús Matsuki Manos Unidas

Los trabajadores no negocian nada. Reciben menos de un euro por ese servicio. Ni siquiera suelen tener trato directo con las familias. A pesar de ser quienes ejecutan el proceso, las familias no quieren verlos cerca. Son dalits, «intocables», y trabajan con sus muertos. Son los encargados de realizar un ritual tan sagrado como despreciado en su ejecución. El artículo 17 de la constitución del país prohíbe la «intocabilidad», pero los avances son lentos.

Manos Unidas trabaja para mejorar la vida de estos trabajadores. Se les ha dotado de la información y el empoderamiento moral para reclamar algo tan básico como es el hecho de cobrar por servicio realizado. «Al menos ahora cobramos algo casi siempre», me confiesan. El proyecto les ha formado, además, en conocimientos básicos de higiene como el uso de mascarilla y guantes que siempre usan cuando tratan con cuerpos infecciosos, que son enterrados aparte.

Quiero apoyar proyectos como este

No hay vallas que delimiten el acceso a la zona. Me animan a acercarme y declino la invitación. Creo que ya tengo suficiente información. Bajo un pequeño repecho y me doy cuenta de que mis pies golpean huesos. Veo a perros escarbando en algunas de estas zanjas llevándose un botín. Lo ven con normalidad. Me dicen que no me preocupe, que no son infecciosos. Son cuerpos de personas sin recursos a los que el gobierno local paga el entierro. Ellos, muchas veces, no reciben nada de dinero por este servicio. «¡Pero al menos cobramos algo también de vez en cuando!», repite uno de los trabajadores con una sonrisa sincera. Me alejo y, al dar media vuelta, veo a casi todas estas personas despidiéndose con una sonrisa. Solo hay uno que no mira ni sonríe... alguien tiene que preocuparse de que el fuego siga vivo.

Ranga Nayagi es hija de un antiguo trabajador del crematorio. Sus padres recibieron formación sanitaria e higiénica. Creció concienciada en estas materias y ahora trabaja como auxiliar de enfermería. Ella nunca recibió la formación de manera directa, pero su historia es un ejemplo de tantos beneficiarios indirectos en todos los proyectos que Manos Unidas lleva a cabo.

Madurai Foto Jesús Matsuki Manos Unidas

Texto de Jesús Matsuki, Departamento de Proyectos de Asia.
Este artículo fue publicado en la Revista de Manos Unidas nº 204 (octubre 2017 - enero 2018).

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