| NOTICIAS 7 de diciembre de 2007 | |
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"A partir de cierto punto no hay retorno posible. |
A veces los caminos son complicados. Llegar puede ser difícil, el camino en si mismo es un desafío y lo peor de todo es que a veces vamos a un lugar que desconocemos por completo, del cual nunca oímos hablar y que surgió espontáneamente. ¡Ay los caminos de África! Digo ¡ay! porque duelen, no solo por la dificultad de transitarlos sino por el aislamiento que suponen para la gente que vive en las aldeas. El comercio no se puede desarrollar; en la época de lluvias se cortan por meses los accesos a las aldeas y a nuestra vuelta nos encontramos con que muchos ya no están. Simplemente enfermaron y murieron por falta de atención médica, por no tener a mano unos medicamentos básicos y simples. Por no poder salir, presos en sus propias aldeas, victimas del desinterés gubernamental.Duelen los huesos por las sacudidas, duelen los músculos del esfuerzo por mantener un precario equilibrio, duele saber que va a ir a peor en la próxima temporada de lluvias y duele saber que un país no puede salir adelante sin caminos y buenas comunicaciones. A pesar de todo hay caminos y eso ya es algo. El Evangelio está lleno de alusiones al camino, sabemos que es estrecho pero lleva a la vida, sabemos que no es fácil pero hay un premio para el que logra llegar a la meta, pero lo mejor de todo es que “Él es el camino”. Ayer llegamos a un pueblo nuevo, el más alejado de los que he ido nunca. Ya desconfiaba de nuestro progreso; pensaba que no encontraríamos a nadie por esos lugares perdidos. Después de tres horas y media de sacudidas y titubeos, vimos una pequeña escuelita de barro aparentemente sin mucha gente, pero que en cuestión de segundos empezó a rebosar con gente y con cantos, rezos, alegría, tam-tam y aplausos por el solo hecho de estar allí con ellos. Hombres, mujeres, niños… unas cien personas dispuestas a escuchar y preguntar, la primera evangelización en estado puro. Es una comunidad que quiere ser cristiana, aún no saben muy bien qué significa, pero lo quieren de verdad. Les interesa saber qué les dice ese Jesús del que escucharon hablar, nos piden ayuda y asistencia, ¿cómo negarnos? No basta como pretexto la lejanía o los malos caminos que duelen en África, hay que llegar como sea. Volvimos cansadas pero completas y no me refiero a lo físico sino a lo personal. Esta gente te llena de esperanza, te carga las pilas que a veces se agotan, te ayuda a calibrar el sentido de lo que estás haciendo, le da una oportunidad a tu propia vida de servir a los demás. Por eso los recorremos e intentamos acertar a la primera, por eso vamos dando tumbos y perdiendo el equilibrio hasta encontrar la huella. Sólo por eso seguimos recorriendo los caminos de África, sí, aunque duelan... María Silvia Fiorentino Esclavas de Sagrado Corazón. Benín |
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