NOTICIAS    12 de noviembre de 2004        

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COSTA DE MARFIL, AL BORDE DEL CAOS

      El violento deterioro de la situación política y social que Costa de Marfil ha padecido en los últimos días ha puesto a esta en su día próspera y estable colonia francesa al borde del caos.
       Los orígenes del conflicto están fuertemente enraizados en décadas de crecimiento económico y de apertura de fronteras a la mano de obra extranjera, en medio de un casi nulo desarrollo de las instituciones democráticas surgidas tras la independencia.
      Durante el mandato de Felix Houphouet-Boigny, el carismático primer presidente que tuvo el país, gracias a los beneficios obtenidos del cultivo del café y del cacao, Costa de Marfil se convirtió en una nación rica que aceptaba gustosa la entrada de gente trabajadora proveniente, sobre todo, de los países del Sahel. Pero, desgraciadamente, esa prosperidad no fue acompañada de apertura democrática y cuando en los años ochenta se desplomaron los precio del café y del cacao en los mercados internacionales, lo que parecía ser un paraíso de diversidad étnica se convirtió en un tormentoso polvorín de tensiones tribales. A pesar de la gran inestabilidad política, en 2001 el país todavía era considerado un refugio para los inversores y turistas extranjeros en una región afectada por interminables guerras civiles como las de Sierra Leona y Liberia.
      Esta imagen se fue al traste el 19 de septiembre de 2002, cuando las fuerzas militares del norte del país se levantaron en armas contra el presidente Gbagbo, poniendo como excusa la defensa de la discriminada y marginada población extranjera. El golpe de estado, que resultó fallido, desencadenó una guerra abierta entre las tropas leales a Gbagbo, afincadas en la capital, Abidyán, y las Forces Nouvelles, establecidas en Bouaké, la segunda ciudad del país.
      Francia, cuyo papel en el golpe todavía no está demasiado claro, envió al país una fuerza de paz formada por 4.000 hombres, con el fin de lograr un cese de hostilidades y de convocar a ambas partes a negociar un acuerdo de paz, al que se llegó finalmente en Marcoussis en enero de 2003.
      El acuerdo fue sistemáticamente incumplido por ambas partes. A pesar de ello, de los asesinatos masivos de población civil y de la constante violación de los derechos humanos, Naciones Unidas no se decidió a imponer ningún tipo de embargo de armas al país y esperó hasta abril de 2004 para enviar una misión de paz compuesta por 6.000 soldados. En julio de este mismo año se firmó en Accra un nuevo acuerdo de paz que establecía un calendario de reformas políticas y de desarme aceptado tanto por las fuerzas leales al presidente como por los rebeldes. Tampoco esta vez se respetaron los pactos y en octubre tuvieron lugar nuevas escaramuzas.

Estalla el conflicto
      Pero nadie podía imaginar lo que estaba a punto de suceder. El cuatro de noviembre, aviones de la fuerza aérea marfileña atacaron las ciudades rebeldes de Bouaké y Korhogo, matando a tres personas e hiriendo a veinte. El sábado se produjo un nuevo ataque que en el que murieron nueve soldados franceses y un cooperante estadounidense. Otros treinta soldados franceses resultaron heridos. La cifra de víctimas mortales -civiles y militares- es todavía difícil de precisar aunque diversas fuentes hablan de decenas de muertos. Los heridos se cuentan por centenares.
      La respuesta de Francia no se hizo esperar: una serie de bombardeos que destruyeron los aviones de las fuerzas armadas marfileñas y el control del aeropuerto de Abidyán.
      A lo largo del domingo y del lunes, masas de gente animadas por la retórica de los medios de comunicación favorables al presidente Gbagbo, más de 10.000 manifestantes se lanzaron a las calles de la capital destruyendo los bienes franceses que encontraron a su paso y yendo en busca de las tropas galas que custodiaban el aeropuerto. Las turbas, movidas por arengas xenófobas, pusieron en serio peligro a los franceses y en general a la población blanca de Abidyán. Se ha desatado el odio hacia el extranjero, la economía se hunde y el estamento político es tan corrupto que resulta casi imposible encontrar un camino para poner fin al conflicto.
      La situación, por ahora, no parece relajarse. Tanto la radio como la televisión del país dan noticias que incitan a la población al enfrentamiento a pesar de que el Presidente quiere hacer creer a la opinión publica que deplora estas manifestaciones que se están produciendo y su intención es que la población vuelva a su casa y recobre la calma.

Nos quedamos aquí
      Ciudadanos franceses, alemanes, italianos, españoles y canadienses están ya evacuando el país. Hasta el momento, entre los españoles que han salido de Costa de Marfil no hay misioneros. Por ahora, la mayoría de ellos ha preferido quedarse y esperar a ver qué pasa. Solo algunas misioneras, que se encuentran en lugares muy aislados han decidido volver a España, pero siempre con la intención retornar en breve al lugar donde desarrollan su misión. "Si llevamos tantos años aquí ¿cómo vamos a irnos, justo ahora que es cuando más nos necesitan?". La afirmación de una religiosa de la Asunción que ha permanecido en Abidyán, coincide plenamente con la de otros misioneros españoles, que han tomado la decisión de quedarse al lado de quienes para ellos son su gente y su pueblo.
      En Bouaké, centro de la zona rebelde, se habla ya de casos de cólera y de riesgos serios de epidemia. Desde hace días no hay luz, ni agua y los hospitales tienen que trabajar con grupos electrógenos que funcionan sólo dos horas al día.
      El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) teme un éxodo masivo de marfileños a países vecinos como Liberia o Ghana. Se calcula que en los últimos días entre 3.000 a 5.000 personas han atravesado las fronteras. Por su parte, en Costa de Marfil hay 70.000 refugiados liberianos, que, todo hace suponer, tenderán también a regresar a su país.
      En Korhogo, al norte, se están llevado a cabo manifestaciones exigiendo la dimisión de Gbagbo. En esta región carecen todavía de suministro de agua y la luz va restableciéndose poco a poco, al igual que las comunicaciones. Según fuentes de la zona, "la gente está con la moral alta, deseando retomar la vida normal".
      La situación en Abidyán todavía está revuelta. "A pesar de que desde el Gobierno se ha pedido que la vida retome su pulso, se abran los comercios y la gente vuelva a su trabajo, la exaltación de la población hace dudar seriamente de esta posibilidad", nos informan desde la capital. "Poco a poco la gente va distinguiendo entre 'blancos' y 'blancos", comenta un misionero, que lleva casi 10 días encerrado en su escuela, refiriéndose a los ataques contra la población extranjera. "La gente está todavía en la calle protegiendo la casa del Presidente y los edificios de la radio y la televisión, pero confiamos en que se tranquilice la situación". "Nosotros abriremos la escuela el próximo lunes", añade, aunque sin demasiada confianza. "Por ahora, van pasando los días y seguimos igual".

Elaborado por Manos Unidas con información de Gonzalo Sánchez Terán y otras fuentes en Costa de Marfil

  © Manos Unidas 2004

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