NOTICIAS    22 de enero de 2008          

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Crónica desde Kenia


Declaraciones del Misionero José Miguel Reyes: "No creo que terminemos como Ruanda, o Zimbawe. Nadie lo quiere, la situación es diferente"

La violencia sigue causando estragos en numerosas ciudades de Kenia, a pesar de los reiterados llamamientos a la paz de Organizaciones de Derechos Humanos, de ONG, de la Iglesia, de abogados, de empresarios…, que los medios de comunicación emiten sin descanso desde el inicio de los conflictos.

Manos Unidas ha recibido el testimonio de José Miguel Reyes, misionero de la Consolata, que desde Nairobi nos ayuda a entender mejor la crisis que atraviesa el país.

Desde que la oposición del Movimiento Democrático Naranja (ODM) de Raila Odinga, denunciase el fraude que las elecciones presidenciales que se celebraron el 27 de diciembre y ganó el Partido de Unidad Nacional (PNU) del presidente Mwai Kibaki, desatando una ola de violencia que ha dejado ya centenares de muertos, la situación política no ha cambiado mucho “aunque la oposición ha logrado poner su candidato como portavoz del Congreso”, informa Reyes, que da a este hecho una importancia que quizá en Europa no entendamos. A pesar de ello, “los llamamientos a participar en manifestaciones se mantienen y la violencia continúa”, comenta, lamentando que ésta sea, por desgracia, “la única noticia que llega al exterior”.

“Las manifestaciones siguen prohibidas y los enfrentamientos que veis en televisión son protagonizadas por jóvenes en paro, a los que pagan para provocar el caos y dañar sin miramientos”, informa el misionero de La Consolata, quien asevera que, como siempre, los que más sufren esta violencia son las mujeres y los más pobres. “Da igual si has votado a Raila o a Kibaki”.

“La gente ha perdido negocios y todas sus pertenencias en un santiamén, todo está quemado. Y ahora se preguntan '¿para que he votado ODM si me están haciendo esto?'”. Y es que, a la vista de los acontecimientos, está cada vez más claro que en el ODM hay un “núcleo duro e intransigente” que no quiere el diálogo y “está manipulando a su líder”.

Dejadlo ya, estamos hartos y tenemos hambre, queremos seguir trabajando”, les gritaba hace un par de días una mujer…”. José Miguel Reyes está seguro de que la gente está empezando a cansarse de un conflicto que “está minando la economía de todo un país”.

VIOLENCIA EN LA CIUDAD

“Hace unos días supimos que ODM tenía un plan perfectamente calculado desde antes de las elecciones, que establecía las pautas para crear odio entre tribus y fomentar la violencia en todo el país”. Y eso se palpa, sobre todo, en el valle del Rift donde siempre habían convivido personas de todas las tribus sin ningún problema. “Resulta penoso, pero es cierto”.

Las cosas también se han puesto difíciles para la ciudad de Kisumu, que ha sido "arrasada", aunque, paradójicamente, es una zona que ha votado masivamente a la oposición. Y en Nairobi, donde “corremos el riesgo de acostumbrarnos, porque ya sabemos que los disturbios no pasan de los suburbios”.

“Una situación "simpática", señala Reyes con humor, es la de Maralal, donde la gente se ensañó contra los kikuyus, que tuvieron que salir corriendo”. Pero a los pocos días, la gente empezó a pasar hambre, “porque a los que habían echado eran los dueños de los negocios de alimentación”, y aunque se intentó que los samburu (pastores nómadas), se hicieran cargo de estas comercios, al final “han tenido que llamar a los kikuyus... Porque cuando hay hambre...”

El pueblo de Kenia es pacífico, y desea convivir sin sobresaltos, aunque el misionero español muestra un pequeño resquicio de duda cuando afirma que el país no va a terminar como Ruanda, o Zimbawe, “nadie lo quiere, la situación es diferente; o eso espero”.

“Son muchas las historias de Luos acogiendo Kikuyus y viceversa”, nos dice. “Muchas las historias de solidaridad y mucho el sufrimiento al mismo tiempo...” Y recuerda a los centenares de miles de desplazados que han tenido que huir de sus casas por miedo a una represalia que podría venir incluso de sus propios vecinos. “Ahora mismo la situación más sangrante es la de los desplazados”. El Gobierno desde el principio está apoyando el trabajo de las organizaciones internacionales que pretenden asistir a esas personas”. Y todos esperan la llegada de Kofi Annan…

Manos Unidas continúa observando con expectante preocupación, la situación de un país en el que trabaja desde hace tres décadas y en el que en los últimos diez años ha apoyado 212 proyectos por importe de 13.955.495,37 euros.


  © Manos Unidas 2004

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