NOTICIAS    24 de agosto de 2004        

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SUDÁN, UN DESARROLLO IMPOSIBLE

Teresa Benavides y Penny Mathes, responsables de los proyectos de Manos Unidas en Etiopía, Eritrea y Sudán, viajaron hace algunos meses a este país, y nos dan su visión personal sobre la que es la mayor crisis humanitaria actual.

    ¿Cómo es Sudán ? Un enorme país con preciosos paisajes, vieja cultura y riqueza muy diversa : tierra fértil capaz de dar cereales, frutales y hortalizas para todo el país y les sobraría… si no fuera por… Además, tienen yacimientos petrolíferos cuya explotación no ha hecho más que empezar. Pero su población sufre, malvive en campos de desplazados de la manera más inhumana que cabe imaginar… No tienen escuelas para sus hijos ni hospitales para sus enfermos, las madres dan a luz en el suelo, en pleno desierto, no pueden cultivar sus propios campos. Desarraigados de tierra, familia y costumbres, apenas sobreviven en un mundo injustamente hostil.

    ¿Qué ocurre en Sudán que justifique tanto horror ? Una guerra de religión y racismo se confunde ignominiosamente con una sola causa ignorada: la ambición humana disfrazada de fanatismo integrista. Todos podrían vivir muy bien y todos sufren… todos menos unos cuantos que ostentan el poder –de raza árabe y mentalidad fundamentalista- y lo utilizan para imponer sus inamovibles leyes y anular el pensamiento de los otros. Y las demás naciones lo ven… ¿Y no hacen nada ? Muy poco, los intereses económicos de algunos son más importantes que las vidas de miles de personas que ya se ha cobrado la guerra durante más de veinte años. ¿Y cómo luchan si casi no tienen para comer ? Unos tienen todo el poder económico y otros pasan hambre, frío y enfermedades, pero todos están muy bien armados. ¿Quién es más culpable, el que lucha para defender su supervivencia o el que incita al odio y la venganza y, además, proporciona las armas ? Hasta los niños son adiestrados como soldados para luchar contra su propio pueblo. Por no hablar de la esclavitud a que están sometidas las niñas o las violaciones constantes de mujeres adultas. ¿Un poco exagerado, no? Hay que verlo para creerlo, y nosotros lo hemos visto con espanto durante nuestro viaje a Sudán en marzo pasado. Visitando los campos de desplazados de los alrededores de Jartún y la pobreza en que se ven obligados a vivir todos los sureños –africanos de raza y de diversas creencias religiosas- nos han hecho dudar del ser humano. ¿Somos así realmente? Hemos tenido que resistirnos a la desesperanza viendo todo aquello… Esto no puede ser, tiene que haber una solución, nos decíamos… Por el bien de la humanidad toda.

    ¿Hasta cuándo? ¿Por qué las demás naciones permiten este horror? ¿Cómo puede la humanidad crecer en conciencia ciudadana y hacer grandes declaraciones de derechos humanos para después permitir el genocidio de Sudán? ¿Es que es todo mentira?
Teresa Benavides y Penny Mathes
Manos Unidas
Informe sobre el país

  © Manos Unidas 2004

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