NOTICIAS    12 de abril de 2002             

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¿QUÉ PASÓ EN ZIMBABWE?

Lo que sucedió el pasado mes de marzo en Zimbabwe durante la celebración de sus elecciones presidenciales, va a repercutir inevitablemente tanto en su futuro como en el de sus países vecinos.

Ya durante los meses previos a las elecciones, jóvenes militantes del partido del gobierno ZANU, a quienes se les prometió 7.000 dólares zimbabwos, se encargaron de crear un clima de violencia y terror para intimidar a quienes pretendían cualquier cambio en el país.

El cierre de escuelas electorales de Harare, la falsificación de urnas, la expulsión de observadores internacionales y otras muchas irregularidades, lograron que Rober Mugabe fuera declarado ganador de unas elecciones tachadas de fraudulentas por gran parte de la comunidad internacional y por el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, quien ha sido acusado oficialmente de "alta traición" por su vinculación en una supuesta conjura para asesinar al jefe de Estado.

Las consecuencias no se han hecho esperar. La Commonwealth o mancomunidad de habla inglesa, ha expulsado durante un año a Zimbabwe, Estados Unidos ha comunicado que no reconoce el resultado de las elecciones al considerar que han sido falsificadas y Suiza bloqueará las posibles cuentas de cualquier miembro del país africano.

Sin embargo, las sanciones internacionales y el aislamiento no afectará sin duda a la dieta y el buen vivir de la élite, políticos y altos jefes militares, sino al pueblo, a las grandes masas de ciudadanos y a la población rural.

Y es que el principal problema de Zimbabwe en estos momentos es el hambre. No hay aceite, ni azúcar, ni otros productos básicos, ni siquiera hay dinero para comprar harina, principal alimento del país. La corrupción política, el asalto indiscriminado a las tierras y granjas de los blancos, y la persistente sequía que asola el país son otras de las causas que agudizan el problema del hambre.

Zimbabwe afronta no sólo una crisis política sin precedentes, sino el peor escollo financiero desde la declaración de independencia, hace 22 años, cuando dejó de ser una colonia británica bajo el liderazgo de Mugabe. La inflación es del 120%, y el paro afecta al 60% de la población.

Manos Unidas es consciente de esta grave situación que se vive en Zimbabwe ya que lleva trabajando en este país surafricano desde 1989. El descenso de la economía en éste país en los últimos años está provocando el empobrecimiento paulatino de la población que no dispone de recursos para salir adelante. En este sentido, cinco de los seis proyectos en los que Manos Unidas colabora en estos momentos se centran en la construcción de recintos que van desde gallineros hasta escuelas. Y es que enviar a los niños a la escuela es un verdadero sacrificio económico para los padres que se han unido en una cooperativa para tratar de aumentar sus menguados ingresos a fin de poder afrontar la escolarización de sus hijos.

Todas las infraestructuras del país están en quiebra, por lo que los otros proyectos en los que colabora Manos Unidas están orientados a la adquisición de distintos materiales como paneles solares, molinos de viento, aparatos de rayos x y todo lo necesario para crear una cooperativa femenina para hacer jabón. Obtener energía para electrificar un vallado y proteger así las cosechas, poder sacar agua de un pozo, diagnosticar enfermedades y reducir el analfabetismo de Zimbabwe son los objetivos de estos proyectos que Manos Unidas lleva a cabo con la imprescindible colaboración de los zimbabwos.

Además, en campañas anteriores Manos Unidas puso en marcha unos cursos para la formación de la mujer en habilidades que le permitieran encontrar un empleo digno. Estos cursos han funcionado muy bien y han llevado a Manos Unidas a ampliar sus actividades con nuevos cursos de corte y confección, costura industrial, pintura, tricot a máquina y cocina.

  © Manos Unidas 2004

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