NOTICIAS    23 de junio de 2008

   

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Birmania no puede caer otra vez en el olvido

Hace ya más de un mes que cambió la cara de Birmania. Cerca de 150.000 de nuestros compatriotas ya no volverán a estar con nosotros. En aquella noche desgraciada, el mortal ciclón Nargis cambió el mapa de Birmania en Rangún y en el delta del Ayeyawaddy. Las imágenes emitidas vía satélite registraron de manera gráfica el “antes y el después” de la tragedia. Pero lo que ningún satélite pudo registrar fue la mutilación de las almas de nuestra gente, que tanto lleva sufrido.

Ahora somos una nación que está de luto. 2,3 millones de personas tienen un nuevo nombre: refugiados y “sin techo”. En este momento, cuando leáis estas líneas, habrá miles de supervivientes, esperando en fila, que llegue la comida y la ayuda a sus aldeas. Y los muertos seguirán, también, esperando un entierro digno. ¡Si! En lo alto de los árboles, flotando sobre las aguas, en los arbustos y en las cunetas, el espíritu de la gente sigue esperando el descanso eterno.

De todo corazón, os agradezco a todos, al mundo, a los líderes y a la gente corriente, que actuaron con gran compasión. La Iglesia, como una madre compasiva, llega a toda las tragedias humanas. Conocéis nuestro sufrimiento desde hace mucho tiempo, pero cuando la naturaleza ha contribuido a incrementar ese dolor, emergisteis como una única familia. ¡Mil gracias a todos!

En nuestro país hacer el bien es un desafío casi hercúleo, y estos desafío provienen de todas las direcciones. En las aéreas afectadas nuestras iglesias, conventos, parroquias y orfanatos están en ruinas. Desde el primer día nos hemos dedicado a buscar supervivientes, siendo, en muchas ocasiones, los primeros en llegar a estas personas. Un equipo de Karuna, personal de las iglesias y voluntarios han trabajado día y noche en las zonas más afectadas. Estamos salvando vidas y llevando esperanza. Con la llegada del Equipo de Apoyo a la Respuesta de Emergencia, nos sentimos más apoyados en estos esfuerzos. Son miles los que están recibiendo asistencia y cobijo.

La furia de la Naturaleza deja al descubierto otras desgracias de gente que lleva mucho tiempo sufriendo. La respuesta inmediata al reciente terremoto en China demuestra esos dolorosos contrastes. El mundo va necesitar acompañar al pueblo birmano durante mucho tiempo. La respuesta mediática a la tragedia fue muy rápida, pero está pasando. La respuesta humanitaria no puede seguir a los medios. Birmania necesita más tiempo y más atención de la comunidad mundial. Espero ayudar con este informe a que todos marchemos con nuestra gente.

De la tragedia del Nargis puede salir un único mensaje: “Birmania no puede caer otra vez en el olvido”.

Charles Bo
Arzobispo de Rangún

 
 

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