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GIUSEPPE ARGESE
"Mi mejor forma de expresarme era con el trabajo y con el ejemplo"
En 1932, en la ciudad de Martina Franca, en Italia, nació un hombre excepcional, uno de esos seres “tocados” por una gracia especial que ha hecho que el mundo en el que vivimos sea mejor y más justo para muchas personas. Después de 51 años como misionero en Kenia, no ha perdido ni un ápice de su ilusión y su cariño por los hombres y mujeres que le rodean, y a los que ha dedicado su vida, gracias al apoyo de muchas instituciones, entre ellas, Manos Unidas.
Giuseppe Argese era un joven comprometido con las actividades de Acción Católica en su parroquia, y tuvo mucho contacto con su párroco, hasta que empezó a trabajar como albañil al terminar la Segunda Guerra Mundial para ayudar a su familia. En 1942 cambió su vida, al entrar en contacto con un misionero de La Consolata: “sentía la necesidad de hacer algo por los demás, pero no sabía el qué o el cómo. Al conocer a los misioneros me dije: éste es mi camino, poder trabajar para los pobres”.
En 1950 entra en la orden y en 1957 llega a Kenia. ¿Cuál fue su primera impresión del país?
En principio todo era nuevo para mí, pero lo más impresionante fue ver que la gente caminaba, y caminaba sin zapatos largas distancias. Todo era seco y polvoriento. Y los únicos que tenían coche eran los colonos ingleses y las misiones.
Una de las principales carencias que observó en la misión de Meru fue la falta de agua, ¿verdad?
La situación de las misiones en Meru, en los años 1962/63, era delicada por el hecho de que el suministro de agua dependía de la lluvia. Aquí estamos en el Ecuador, donde las lluvias se concentran en dos períodos: marzo, abril y parte de mayo, y octubre, noviembre y parte de diciembre. El resto del año es seco. Por eso, no había agua en las misiones. Dispensarios, hospitales, y escuelas usaban el agua de los depósitos que recogían la lluvia. Sólo algunas misiones, por su proximidad al río, tenían la posibilidad de canalizar parte del agua necesaria. Y poco a poco se fueron buscando soluciones: en la misión de Kirua quisieron hacer un canal para recoger agua del río, y en Igoji, unos años antes, entre el 57 y el 59, se instaló un sistema que desviaba agua para mover una noria.
Y usted comienza a “buscar agua” usando técnicas de zahorí, con la vara como instrumento más certero.
Ciertamente, esa técnica me ayudó a descubrir por donde corría el agua subterránea, pero no sólo usé la vara sino también el péndulo y mucha intuición. Esta técnica detecta las radiaciones emitidas por los objetos. Los cuerpos emiten radiaciones que, a fuerza de practicar, se pueden reconocer. El agua especialmente puede ser detectada usando un péndulo o una horquilla de madera, pero no es así de fácil, pues en primer lugar debes tener buena salud, estar sereno y relajado y que el tiempo sea estable. Yo lo he usado para encontrar el agua bajo tierra, donde ahora tenemos unos túneles que atraviesan o se introducen en la montaña recogiendo el agua que rezuma por las paredes. Es útil para saber dónde hacer un pozo. ¿Se puede decir que son técnicas del pasado? No creo, aún son muy útiles.
El agua que encontró nacía en el bosque Nyambene, que los lugareños consideraban sagrado. ¿Tuvo algún problema para acceder a este lugar?
Cuando empecé a buscar el agua, observé a la gente y busqué el origen de algunos arroyos. Vi que las mujeres recorrían largas distancias para recoger agua en un lugar del bosque considerado sagrado, en una pared que rezumaba agua, que se perdía inmediatamente. Hubo muchos problemas al inicio porque el bosque era el lugar sagrado para hacer los sacrificios a los dioses. Después de mucho diálogo, les hicimos ver que el agua era para ellos y era algo que los dioses agradecerían. Una vez salvado este inconveniente pasé dos semanas en el bosque recorriendo sus caminos hasta que encontré una cascada de agua limpia y fresca.
Y comenzó a “recoger” cada gota de esa cascada, con un sistema de diques y canalizaciones. ¿Cómo se le ocurrió esta obra de ingeniería?
Pues fue usando un poco de lógica e intuición. El agua corría por las paredes y por lo tanto se podía hacer un pequeño canal que llevaría el agua a un depósito. A partir de aquí todo empezó a complicarse. Estudiando y leyendo libros fui adquiriendo el conocimiento necesario para poder llevar adelante la obra. Estudié el terreno, sus valles y colinas y, gracias a la ayuda de amigos ingenieros que han pasado por aquí y han dado sus sugerencias, diseñamos un plan que hasta ahora se ha ido cumpliendo.
De los pequeños diques iniciales a las dos presas y los 250 kilómetros de túneles y tuberías, ha habido un largo camino… ¿Cómo se ha recorrido?
Ha sido como una procesión, pidiendo mucho, hablando mucho, insistiendo a las autoridades locales, a las ONG, a la gente para que aportara su trabajo para hacer realidad lo que hoy existe. Sin parar, cada día había que convencer a alguien de que esto merecía la pena. Hemos puesto mucho esfuerzo y sudor y añadir que durante estos últimos años y, sobre todo, al inicio del proyecto, los intereses particulares de algunos empresarios y políticos estaban muy lejos del interés por la conservación del bosque, más bien se buscaba su explotación comercial. Poco a poco el propio gobierno descubrió el valor de un proyecto de esta envergadura y protegió el bosque y, en general, todas las montañas del Nyambene, donde nos encontramos.
Todo empezó entre 1967 y 1968. La primera fase de las obras, aprobadas por la ONG Misereor, empezó en 1970 con un caudal de agua de unos 11 litros por segundo. La canalización llegó a la misión de Tuuru en 1971. En aquel tiempo la gente viajaba de día para llegar a la misión y coger agua, dormían allí y volvían al día siguiente. En los sucesivos años se localizaron nuevos nacimientos de agua y se construyeron pequeños diques-pantanos que aseguraban el suministro de agua durante la época seca. La sequía fue muy fuerte desde 1972 hasta junio de 1973. La gran reserva de agua Amwamba se terminó entre 1978 y 1979. De nuevo en 1984 la sequía azotó Kenya y no se pudo recoger agua hasta julio. El caudal de agua aumentó a 20 ó 30 litros por segundo. La reserva número II, del valle del río Ura que se comenzó en 1998 y se terminó en 2004 con la ayuda de Manos Unidas, tiene actualmente una capacidad de 55.000 m3. Y todavía seguimos adelante.
El agua ha traído cambios impresionantes en la zona… la educación, la salud y la economía cambiaron, puesto que con estas presas se ha dado trabajo a muchas personas. Háblenos de esto, por favor.
Este proyecto da trabajo directo a unas 200 personas. Las oficinas de gestión y mantenimiento de la red de abastecimiento emplean alrededor de 130 trabajadores y entre el bosque y la estación de Mukululu, donde estamos, alrededor de 70 empleados más. Cuando se llevan a delante obras de envergadura, los trabajadores eventuales llegan a ser más de 100, ya que la maquinaria es prácticamente inexistente, lo que más se usa es pico, pala y carretilla. Además, es una cuestión de justicia: si introducimos maquinaria pesada, además del daño ecológico, quitamos trabajo a muchas familias.
Y, efectivamente, los cambios han sido radicales. El primero ha sido la salud, no hay problemas de cólera o tifus, y los centros de salud y hospitales se han extendido por toda la región. La educación comenzó a cambiar desde el momento en que las madres no abandonaron la casa para recoger agua, pasando más tiempo con sus hijos. Más tarde se abrieron escuelas que garantizaron una educación continuada. Además se han abierto mercados y negocios, elevando el nivel de vida de la zona. Todo esto ha hecho que la población se haya multiplicado. Y no solo se han beneficiado las personas, también los animales. En general, calculamos que unas 250.000 personas, y una cabaña de unas 43.000 vacas y 20.500 cabras y ovejas, en un área de 1.200 km2 de los que 600 km2 están densamente poblados, se han beneficiado del aumento en el consumo de agua.
En Kenia le llaman “mukiri”, ¿por qué?
El verdadero significado de “mukiri” es “aquel que sabe lo que hace”. Debido a las diferencias culturales y de idioma, mi mejor forma de expresarme era con el trabajo y el ejemplo. La gente me miraba y entendía perfectamente qué hacer y cómo. No hacían falta las palabras.
¿Qué futuro cree que tiene Kenia?
Este país es como un trabajador que está medio dormido, no ha terminado de despertarse y no es capaz de levantarse. Pero tengo que decir que si está en esta situación no es porque quiera, sino por los intereses macroeconómicos que condicionan los mercados. Un día se despertará y producirá sus propios bienes y no exportará sólo flores y verduras…
Además, el país y el continente están unidos fuertemente en las tribus. Tribus que los políticos utilizan para enfrentar a la gente. El problema tribal es, todavía, muy grande. Los desplazamientos de personas son constantes debido a conflictos bélicos o simplemente económicos y políticos. Muchas veces la solución es fácil, otras no. Pero es verdad que si el desarrollo es igual para todos, la paz y la justicia prevalecerán.
Pilar Seidel
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