NOTICIAS    20 de octubre de 2008

   

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Entrevista a Monseñor Karel Kasteel

"La gente aún no se da cuenta de la gravedad de que más de mil millones de personas no tengan acceso al agua"


Tener la oportunidad de charlar unos minutos con Monseñor Karel Kasteel significa sumergirse en el centro de la caridad de la Iglesia, la organización Cor Unum, de la que es secretario, y conocer de primera mano parte de la historia de amor a los más pobres de los últimos años. Su experiencia vital y su labor dentro de la Iglesia han estado siempre ligadas a los que más lo necesitaban, por lo que nuestra conversación no pudo empezar de otra forma: “los pobres son los preferidos de Dios y de la Iglesia”, nos recordaba Monseñor Kasteel. Estuvo trabajando 30 años en “Propaganda Fide”, el organismo de la Iglesia para las misiones, y fue una preparación inmejorable para su actual labor en Cor Unum. Durante el Concilio Vaticano II fue muy claro el deseo de los obispos de que el Papa tuviera a su disposición, y a la disposición del episcopado mundial, un dicasterio especial para los pobres. Y así nació Cor Unum en 1971, gracias al empuje que dio el Papa Pablo VI, quien comprendía muy bien la urgencia de llenar el vacío que existe entre norte y sur. Manos Unidas ya existía en aquel entonces, y había otras muchas organizaciones en otros países, pero era necesario que tuvieran un lugar de encuentro común en Roma. Pasados los años podemos decir que ha sido un éxito, porque ahora estamos acostumbrados a oír hablar de los ONG, pero no nos damos cuenta lo difícil que fue en los primeros tiempos que organizaciones como Manos Unidas tuvieran su voz en el foro público, que fueran reconocidos como expertos en todo lo que tiene que ver con las necesidades de los demás, con la caridad y la justicia.

Y ¿por qué el nombre de Cor Unum, un solo corazón?

Los primeros cristianos fueron ejemplares, y los primeros mártires, que son todos mártires de amor, eran todos cor unum et anima una, de un solo corazón y de una sola alma. Cuando hubo que encontrar un nombre para el dicasterio, Pablo VI tomó el nombre que ya existía en la época de los apóstoles, de los primeros cristianos, porque ellos son nuestro ejemplo, y entre ellos, muchas mujeres desde los primeros tiempos, que hicieron todo lo posible porque la doctrina cristiana entrase en los corazones de la gente.

Una de las competencias del Cor Unum es la Fundación para el Sahel, que empezó su labor hace 15 años cuando la gente no conocía los problemas de esa zona.

Cuando a Juan Pablo II le hicieron Papa en 1978 eran los primeros tiempos de la descolonización y había muchos países nuevos, desconocidos. El Papa recibió invitaciones de casi todos los países del mundo, y como era joven podía aceptarlas todas, pero el problema fue dónde ir antes. Y el Papa lo dejó claro: primero, y antes de todo, a los países más pobres. Y esta decisión marcó todo su pontificado, fue una de las decisiones más importantes que tomó desde el comienzo, para que esos países se conocieran más en el mundo, Cuando llegó a Ouagadougou, la capital del Alto Volta, ahora Burkina Faso, quedó muy afectado por lo que allí vio. Se vivía un periodo de sequía extraordinaria, con una hambruna espantosa, y el Papa hizo el llamado “manifiesto de Ouagadougou”, en el que decía, “yo, Juan Pablo II, obispo de Roma, me pongo de rodillas ante esta gente para que todo el mundo venga a ayudar a las personas que sufren”.

Y la ayuda empezó a llegar…

Así es. Cuando el Papa vio que comenzaba a llegar dinero para ayudar a estos países tuvo que decidir cómo distribuirlo, porque el Sahel, esa enorme franja de 9 países con 150 millones de personas, la primera cosa que había que hacer era tener un instrumento para trabajar juntos. Y eso se logró con la fundación (1), una idea pensada por el cardenal Gantin, que por aquel entonces era presidente de Cor Unum. Desde entonces, la fundación ha realizado muchos proyectos en muchos campos: la lucha contra la desertificación, la alfabetización, educación de las mujeres, estructuras de almacenaje y conducción de agua… Y yo creo que se puede decir que esta fundación, con más de 25 años, fue profética, porque el Papa ya comprendió en esa época lo importante que era el problema del agua y la necesidad de poner los medios para mejorar la situación, y fue ejemplar para otras organizaciones en el mundo.

Una de las características de la fundación es el fomento del diálogo interreligioso, en el que tanto han insistido los dos últimos Papas.

Esto es, precisamente, lo que más me gusta señalar como éxito de la fundación. Todos los proyectos se han hecho y se siguen haciendo porque católicos, cristianos, musulmanes y las religiones naturales trabajan de forma conjunta. Y este gran éxito ha sido reconocido por los gobiernos. La influencia de la Iglesia, por tanto, aquí también ha sido positiva.

Usted que ha viajado por todo el mundo y ha sido testigo, en primera persona, del grave problema del agua.

El agua es verdaderamente uno de los mayores problemas de la humanidad, pero desgraciadamente podemos decir que el 90% de la gente aún no se da cuenta de la gravedad del problema. Entre los proyectos realizados por la fundación hay que mencionar los llamados “jardines”, experiencias que se han llevado a cabo gracias a la colaboración de expertos de otros países, y que consisten en transformar los desiertos africanos en jardines, situados en las cercanías de las ciudades, ayudándoles a crecer mediante el uso eficaz del poco agua con el que cuentan. El sistema “gota a gota”, permite ahorrar agua y hacerla llegar a las ciudades, cambiando la vida de las mujeres que tenían que ir a buscarla, a menudo, en condiciones muy penosas, y mejorando las condiciones agrícolas y comerciales de la población.

Como sabe, Manos Unidas celebra en 2009 su cincuenta aniversario. Usted, que nos conoce bien, ¿cómo explicaría qué es Manos Unidas?

Yo creo que es una organización de amor. Visitando la cripta de Santa Engracia, en Zaragoza, se puede ver también lo que se conoce como la santa masa, innumerables mártires que han dado su vida para fundar la Iglesia allí. Igual es Manos Unidas, tantas personas, que no se conocen, que han colaborando y han unido verdaderamente sus manos, sus corazones y sus cabezas para ayudar a los necesitados. Esto, en la Iglesia, es un ejemplo único. Y no pienso solamente en los voluntarios, sino también en los contratados, porque sin la ayuda de los contratados, los voluntarios poco podrían hacer. A mi me conmueve el hecho de que haya tantas mujeres, de todas las edades, que trabajan con su experiencia y su enorme afecto. Los que fundaron Manos Unidas hace 50 años hicieron una cosa maravillosa, para la Iglesia de España y para España misma. Y espero que en los próximos 50 años siga creciendo y llegue al centenario con los mismos resultados e incluso mayores. Entre las más de 2.000 organizaciones de importancia que tiene la Iglesia, Manos Unidas sin duda es única, y casi irrepetible.

Vamos a terminar hablando un poco de usted… de su vocación y de cómo le gustaría trabajar en los próximos años dentro de la Iglesia.

Mi vocación nació gracias a mis padres. Durante la ocupación nazi de mi país, Holanda, sufrimos bastante. Y poco después empezamos a viajar, siguiendo a mi padre, que era embajador. Y precisamente en América Latina, viendo la falta de sacerdotes y la gran necesidad de la gente, fue donde se reforzó mi vocación, y comprendí que Dios necesita de hombres y mujeres para el servicio directo a la Iglesia, con total libertad. Cuando mi obispo en Holanda me pidió que me trasladara a Roma para estar al servicio del Santo Padre no lo dudé. Mis primeros 30 años de trabajo fueron en Propaganda Fide, donde conocí a gente excepcional, como la madre Teresa de Calcuta. Ahora llevo 15 años en Cor Unum, y cuando acabe este servicio, porque todo tiene un límite, pues trataré, como sacerdote, de hacer todo lo que pueda por los más pobres y necesitados y por los que les ayudan, porque aunque llega un momento en el que no se puede hacer todo directamente, sí se puede ayudar con la oración, el consejo y el amor, porque vivimos en este mundo poder ayudar a los demás.


Pilar Seidel


(1)Fundación Autónoma Pontificia para el Sahel
Monseñor Kasteel es el observador de la Santa Sede ante la Fundación Autónoma Pontifica para el Sahel. Fue creada en 1984 por Juan Pablo II para ayudar a las poblaciones que sufrían en la región subsahariana por la falta de agua y el constante proceso de desertificación. La región del Sahel está compuesta por nueve países, con una importancia vital para el continente africano y para el equilibrio ecológico del mundo: Burkina Faso, Cabo Verde, Chad, Gambia, Guinea-Bissau, Malí, Mauritania, Níger y Senegal. Una de sus características más importantes es la apertura a las diferentes religiones, junto con el gran trabajo del comité de proyectos, y su autonomía frente a presiones exteriores, lo que la convierte en un gran motor de desarrollo en la zona.


 
 

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