NOTICIAS    21 de mayo de 2008

   

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El Papa vuelve a pedir la prohibición de las bombas-racimo

Benedicto XVI pidió nuevamente el domingo en Génova “una Convención internacional que prohíba las «mortíferas» bombas-racimo”. La petición se efectuó en vísperas de la reunión de la Conferencia Diplomática de Dublín, que busca la conclusión de la negociación del Tratado internacional que prohíba las bombas-racimo, el marco de cooperación para asistir a las personas afectadas, el mecanismo de destrucción del arsenal y la forma de sanear las regiones contaminadas con estos residuos explosivos.

Las bombas-racimo son armas que siguen almacenando unos setenta países, que pueden almacenar en su interior cientos de artefactos explosivos, causantes de destrucción e incendios y, más importante aún, de muerte y mutilación sobre todo entre la población civil, siendo los niños el blanco preferente.

«Deseo, dijo el Papa, que, gracias a la responsabilidad de todos los participantes, se pueda alcanzar un instrumento internacional fuerte y creíble: es necesario de hecho remediar los errores del pasado y evitar que se repitan en el futuro».

En febrero de 2007, 46 países se comprometieron en la Conferencia internacional de Oslo a impulsar este año la prohibición mundial del uso, venta y producción de bombas-racimo. Se abstuvieron de suscribir la declaración final Japón, Polonia y Rumania. En la cita no participaron Rusia, China ni los Estados Unidos.

Manos Unidas formó parte, junto a otras ONG, de la campaña para la prohibición de la fabricación de minas antipersonal, conseguida gracias al Tratado de Ottawa, en noviembre de 1997. Actualmente apoya junto a Intermon y Médicos Sin Fronteras el proyecto “Vidas Minadas. Diez años después”, un proyecto de sensibilización y denuncia sobre las minas terrestres antipersonal, que se apoya en la obra del fotógrafo Gervasio Sánchez.

Por todo ello, Manos Unidas apoya esta petición de una Convención internacional que prohíba las bombas-racimo, tan mortíferas, letales y destructivas como las minas antipersonal.

 
 

  © Manos Unidas 2004

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