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Firmado en Dublín un tratado preliminar para prohibir las bombas de racimo
Las bombas de racimo podrían pasar a la historia después de que representantes de 109 naciones firmasen el miércoles en Dublín un tratado preliminar para prohibir las bombas de racimo y destruir los arsenales respectivos en ocho años.
El convenio pone fin a más de un año de negociaciones, que comenzaron en Noruega y que podían concluir definitivamente en diciembre con la firma del documento final en Oslo.
El anteproyecto del tratado declara que los países firmantes se comprometen a “no usar nunca, bajo ninguna circunstancia las municiones de racimo'' ni “crear, producir, o adquirir, almacenar, retener o transferir a nadie, directa o indirectamente, municiones de racimo''.
Las bombas de racimo se han utilizado en diversos conflictos en el mundo, de Vietnam a Irak, para contener a las fuerzas enemigas con las decenas o centenares de explosivos que arroja cada bomba. Más de setenta países almacenan todavía estos artefactos que causan destrucción e incendios y, más importante aún, muerte y mutilación sobre todo entre la población civil. El blanco preferente de estas armas son los niños.
Desgraciadamente, entre los países ausentes en la Conferencia de Dublín están los grandes fabricantes y comerciantes de este tipo de armamento, como Estados Unidos, China, Rusia, Israel, India y Pakistán.
España, que fabrica estas armas, firmó finalmente el acuerdo, a pesar de que en un principio mostró algunas objeciones.
Manos Unidas formó parte, junto a otras ONG, de la campaña para la prohibición de la fabricación de minas antipersonal, conseguida gracias al Tratado de Ottawa, en noviembre de 1997. Actualmente apoya junto a Intermon y Médicos Sin Fronteras el proyecto “Vidas Minadas. Diez años después”, un proyecto de sensibilización y denuncia sobre las minas terrestres antipersonal, que se apoya en la obra del fotógrafo Gervasio Sánchez.
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