El Padre Mateo Aguirre, quién ha dedicado su vida al compromiso de la Compañía de Jesús a favor de la Fe y la Justicia en el continente africano. 36 años le hacen ser uno de los españoles que mejor conoce a los refugiados de tantos conflictos, que todavía hoy no han llegado a su fin.
¿Cuál es la situación actual de los países africanos?
La realidad africana está cuajada hoy día de conflictos, unos ya crónicos, como Angola, Sudán, Liberia, Somalia y otros al borde de serlo. Unos pueblos africanos atraviesan momentos de gran sufrimiento debido a diversos motivos. Algunos de orden interno como las luchas por el poder político, la corrupción o las desavenencias étnicas. Pero también hay motivos de orden externo, estamos hablando de las disputas de los países del Norte, países que buscan en África zonas de hegemonía y filones de materias primas como oro, diamantes, petróleo o las riquezas de la selva tropical.
¿Hay alguna solución para tantas guerras? Manos Unidas presenta este año la campaña con el lema "Si quieres la Paz, defiende la Justicia" ¿cómo se puede conseguir?
Las soluciones posibles habría que buscarlas en ámbitos tan difíciles como los que provocan o toleran tanto sufrimiento. Es decir, habría que hacer presión sobre gobiernos, multinacionales, grupos de presión y medios de comunicación. A los que vamos a pie, a la gente normal, nos quedan las armas del sentimiento noble de compasión, la oración y la solidaridad.
Pero ya hay mucha gente trabajando para lograr Paz y Justicia en África. Ahí están los miles de misioneros que arriesgan su vida por los demás.
La presencia de los misioneros en África varía mucho de unos países a otros. Hay países musulmanes donde la intolerancia impide cualquier presencia de la Iglesia. En otros, es una presencia puramente testimonial con la que se quiere hacer comprender que el Evangelio es más que un proselitismo barato y que va más allá de las fronteras y las etiquetas culturales. En los países tradicionalmente de misión se está dando un fenómeno que llena de esperanza, es la consolidación de las iglesias locales que pueden ya disponer de un clero propio, tanto secular como religioso. El que hoy va a misiones sabe que no va a instaurar nada sino a colaborar con una Iglesia ya establecida. Hay peligro, se percibe con claridad y se asume pagando un impuesto demasiado fuerte. Africanos y misioneros juntos riegan con su sangre derramada en situaciones de violencia extrema. En la actualidad un número sin fin de personas de iglesia se juegan sus vidas, no por el gusto de la aventura, sino con espíritu de ofrenda para que los demás tengan PAN, VINO, LEVADURA, SAL, LUZ, ESPERANZA, Y DIGNIDAD.
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