Boletín Nº 142
enero / febrero / marzo 2001

Sumario

En primera persona


Dolores Cervera
Hija de la Caridad, trabaja en Camerún desde hace 7 años

Trabaja en la promoción de jóvenes y en la acogida de discapacitados, huérfanos y viudas.

Cuando llegué al Camerún me quedé, durante un cierto tiempo, sin saber como entrar en un mundo tan diferente del que había dejado. En cada poblado que visitaba todo me parecía miserable: el hábitat, la falta de agua, la ausencia de mercados, farmacias... identificaba la pobreza, pero me costaba llegar a la persona, al "ser humano" que vivía cada día en condiciones que le rebajaban en su dignidad de Hijo de Dios.
   Con esta mediocre visión del medio podía hablar, escribir, comentar... sobre una situación de injusticia, de desigualdad... pero corría el riesgo de no mirar de cerca al "hombre" en todo su ser, con toda su riqueza y su pobreza. Y fue cuando me dediqué a VER:

a a los niños y niñas que no van a la escuela
a a los jóvenes que carecen de formación
a al huérfano explotado por la familia
a al minusválido que es despreciado y humillado en su entorno y en su familia...

   No sólo existía la pobreza, sino que existían los pobres con nombre y apellido.
   Mi trabajo en la promoción femenina por los diferentes poblados, me llevó a visitar a las familias de las chicas con el fin de conocer las necesidades concretas de la gente del poblado. Descubrí que las ocupaciones principales, después del cultivo del mijo, eran, para las chicas, preparar el "bil-bil" (cerveza de mijo), y para los chicos, ir al bar para compartir con sus amigos la calabaza de cerveza.
   Buscamos crear en ellos y ellas unas inquietudes diferentes, despertar en sus mentes expectativas de promoción y realización personal. Esto les llevó a solicitar nuestra colaboración para encontrar otros caminos, razón por la que se crearon los talleres de promoción rural (al principio al aire libre) en donde aprenden: agricultura, gestión, prevención de enfermedades, derechos y deberes cívicos... y también un oficio: carpintería, escultura, costura y bordado, batik, soldadura, marquetería... que les abra nuevos horizontes.
   Los más dinámicos, después de dos años de formación, pueden ser elegidos monitores y ayudar a su vez en la formación de nuevos jóvenes. Cada año, desde 1992, más de 100 jóvenes vienen a la Misión, no solo para aprender un oficio sino también para descubrir otros valores (respeto, amistad, colaboración...).
   En 1994, se hace patente la urgencia de cubrir otras necesidades: niños y jóvenes con problemas físicos, psíquicos y sensoriales, huérfanos, viudas... que reclaman su derecho a ocupar un lugar en la sociedad ¿Cómo ofrecer una respuesta adecuada a sus inquietudes? ¿Cómo encontrar dinero para construir una pequeña estructura en dónde se les pudiese acoger? ¿Quién podría colaborar con nosotros?.
   Se presentaron proyectos a la A.E.C.I., Manos Unidas, Cáritas, Compañía de H.C. y todos fueron respondiendo positivamente.
   Lo cierto es que la mano de Dios ha estado presente en momentos de dificultad, inseguridad, temor... para animar, apoyar, sostener... y lo que el año pasado era sólo un proyecto, este año es una realidad.
   Actualmente un pequeño grupo de minusválidos, huérfanos y viudas, que se irá ampliando poco a poco, ha encontrado el punto de partida para lograr un futuro más digno.
   Agua en abundancia -todo un milagro en zona desértica- y los talleres en los que jóvenes de varias etnias y distintas religiones, vendrán, como cada año para continuar su formación, constituyen la esperanza de un pueblo que confía en construir una nueva sociedad para sus hijos e hijas.

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