Boletín Nº 143
abril / mayo / junio 2001

Sumario

EDITORIAL

Este año la Campaña XLII de Manos Unidas inaugura un nuevo trienio durante el cual vamos a trabajar en la Construcción de la Paz.

   Este primer año queremos centrarnos en la construcción de la paz desde el punto de vista de la PREVENCIÓN, es decir, queremos ir a la raíz de los problemas que generan la violencia, porque creemos que las injusticias de hoy son el caldo de cultivo de las guerras del futuro.

   La elección de este tema responde al llamamiento del Consejo Mundial de las Iglesias que proponía hace algunos años construir la paz en una triple vertiente: paz, justicia e integridad de la creación.

   Con esta idea como eje, Manos Unidas quiere interpelar las conciencias de los españoles y proponer una reflexión sobre las condiciones de justicia que hacen posible la paz.

   Nuestro objetivo es tratar de erradicar situaciones de violencia estructural que constituyen la raíz del problema y son el verdadero obstáculo para la construcción de la paz en los países en los que Manos Unidas realiza su trabajo, muchos de ellos bajo regímenes políticos que provocan contínuas injusticias, ya que la injusticia no sólo genera violencia, sino que es en sí misma violencia.

   Por eso, para construir una paz estable es necesario defender la justicia, porque cualquier acuerdo de paz firmado entre países, pueblos o grupos sociales sin un acuerdo de justicia, sólo será una tregua entre guerras. La paz por sí sola no proporciona una garantía de estabilidad en la vida de las personas sino que requiere un marco mínimo de condiciones de vida y de inversiones que resuelvan las necesidades humanas.

   Desde Manos Unidas hacemos, con esta Campaña, una llamada a la solidaridad. Es urgente la movilización moral y económica para disminuir la pobreza, alfabetizando, garantizando el alimento y el cuidado de la salud de la población. Podemos construir la paz intercediendo por la condonación de la deuda externa de los países más pobres, renovando la ayuda pública al desarrollo, respetando los compromisos internacionales y la identidad y aspiraciones de cada pueblo.

   Recordemos las palabras de Juan Pablo II: "La paz es un bien indivisible, o es de todos o no es de nadie, y exige, cada vez más, el respeto riguroso de la justicia y, por consiguiente, la distribución equitativa de los frutos del verdadero desarrollo". Sin justicia no habrá paz, y sin paz no es posible el desarrollo.

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