Malawi es uno de los países con mayor porcentaje de niños y niñas huérfanos, además, cuenta con uno de los índices de malnutrición más altos del mundo. El sida, que en África es una plaga, está devastando la población de esta nación.
María Teresa Andrade, misionera española, no dudó en comprometerse con la implantación de un proyecto integral que se ha convertido en un modelo de referencia.
Malawi es un lugar de naturaleza desbordante. El inmenso lago Malawi ocupa la quinta parte de este país de playas de arena blanca, parques naturales, hipopótamos, cocodrilos y con una gran variedad de peces. La gente, generosa y hospitalaria a pesar de la pobreza, se siente afortunada por vivir en paz.
Usted fue una de las fundadoras de la Misión 'Chezi', ¿cuál era la situación cuando empezaron?
La población en su mayoría era desplazada de los terrenos donde se construyó el aeropuerto de la capital. Los expulsaron y fueron ocupando estas colinas. Eran de diferentes clanes y la integración ha costado mucho. No hay carreteras y las comunicaciones son muy malas. Esta zona es muy subdesarrollada y con una gran incidencia de malnutrición. El 95 % no estaba escolarizado. No había escuelas, los niños estaban en la calle. El primer objetivo de la misión era erradicar la malnutrición a base de medicina preventiva (además de trabajar en la promoción de la mujer y en la alfabetización). Empezamos con un centro de malnutridos y un pequeño dispensario.
¿Cómo está organizada ahora la Misión?
Más tarde se vio el problema de los niños que vivían con sus familias pero pasaban necesidad. Hemos llegado a tener 700 niños asistidos. Sólo ponemos una condición: los niños tienen que ir a la escuela. Esa es nuestra forma de motivarlos para la educación. Por otro lado, hemos llegado a tener en el centro 150 huérfanos y decidimos crear una nueva fórmula: casas de 16 niños huérfanos con 2 madres adoptivas que se han quedado viudas. Ellas reciben un sueldo y cuidan de estos niños. Tenemos una granja/huerta para que las madres de los niños malnutridos aprendan a cultivar y para que todos los niños que dependen del centro también aprendan, pues ese va a ser su medio de vida: la tierra. Luego está el dispensario con 30 camas y 100 consultas diarias. Por las tardes tenemos clases de alfabetización y de refuerzo escolar. Estamos 5 religiosas y unas 70 personas empleadas. Uno de los objetivos es ser autosuficientes, obteniendo distintos tipos de productos, evitando así tener que comprarlos.
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