Boletín Nº 144
julio / agosto / septiembre 2001

Sumario

En primera persona


José Martín Ruiz
Misionero de la Consolata en Etiopía

Trabaja desde 1982 en Etiopía y actualmente desempeña el puesto de Director del Seminario y es el Superior Regional en Addis Abeba.

La misión en Etiopía sigue conservando las características peculiares de la situación encontrada en el siglo XVII por los primeros misiones Jesuitas, entre ellos el español Pedro Páez, y en el siglo XIX por San Justino de Jacobis y por el italiano Guillermo Massaia.
   La presencia de la Iglesia Ortodoxa Etíope, alrededor del 53% de la población, es mayoritaria entre las tribus Amara Tigray, y el Islam, con un 28%, tiene una gran influencia en las regiones Oromo, Afar, Dire Dawa y Harar. El panorama religioso está cambiando con el aumento de las sectas protestantes, hasta un 10% de la población, y la presencia de la Iglesia Católica, con apenas un 1%.
   A mi llegada a Etiopía, en noviembre de 1982, se encontraba ya consolidada la revolución marxista del Coronel Mengistu Haile-Mariam, que había iniciado en 1974, y ya próxima la gran celebración del décimo aniversario. Los primeros retos con que me encontré fueron: la pobreza impresionante, a cuyo impacto no consigues nunca acostumbrarte, y el estudio de la lengua, el amárico, con su complicado alfabeto y las dificultades que presenta para expresarse bien.
   En la misión de Asella, donde tenemos un hogar para niños minusválidos y huérfanos encontré mi nueva casa y el lugar adecuado para iniciarme en el conocimiento del país y sus costumbres. La situación política condicionaba nuestro trabajo misionero con restricciones constantes para nuestra labor pastoral y una mera tolerancia hacia nuestras obras sociales.
   Pasé algunos periodos en la Misión de Weragu acompañando al P. Álvaro Palacios, con un nutrido grupo de chavales de Asella durante sus vacaciones escolares; y en Gambo, dos meses de experiencia en una compleja misión con un hospital rural, un poblado de los leprosos, una granja agrícola, y numerosas escuelas rurales.
   En mayo de 1984 fui destinado a Shashemane como encargado de una floreciente misión en una ciudad de 80.000 habitantes, a 250 Km. al sur de Addis Abeba. La sede de la misión, iniciada en 1972 y en gran parte obra del P. Juan Bonzanino, estaba invadida por los estudiantes de una escuela para ciegos, en espera de la construcción de una residencia definitiva.
   Durante la hambruna de los años 85-86 comprobamos la solidaridad de muchas personas y organizaciones. El comité parroquial de Cáritas y la comunidad de las Hermanas Capuchinas dieron una aportación inestimable. Pudimos montar grandes tiendas como almacenes provisionales para guardar las enormes cantidades recibidas de alimentos, mantas... y después aperos de labranza, semillas y dinero para comprar bueyes. La cercanía a las personas más afectada, las numerosas reuniones con los ancianos de los poblados, la estrecha colaboración con las autoridades locales y la coordinación de nuestro comité, facilitó mucho la distribución de los dones recibidos.
   Llevamos adelante proyectos de distribución de comida por trabajo y la rehabilitación para conseguir buenas cosechas. La organización española PROSALUS, nos fue de gran ayuda. También recibimos una contribución de CARITAS ESPAÑOLA para la compra de bueyes, y MANOS UNIDAS aportó lo necesario para construir 20 puestos de ayuda médica para emergencias y epidemias.
   Una nueva etapa se inició en 1991 con el final de la guerra civil. En la inestabilidad, inseguridad y desconcierto del primer momento, se impuso un nuevo régimen político que nos ha llevado a la descentralización, creando un gobierno federal que no ha aportado nada eficaz en la lucha contra la pobreza crónica. "Me preocupa la situación de los jóvenes sin esperanza. En nuestras manos está ofrecerles perspectivas de un futuro mejor".

- 20 -


Anterior Página Boletín 144 Subir

Siguiente Página Boletín 144

Sumario