Boletín Nº 144
julio / agosto / septiembre 2001

Sumario

REPORTAJE

                                                                                    Foto: Manos Unidas


¿Por qué vienen? Es la pregunta que, como muchos de nosotros, me hago cada vez que veo el naufragio de una patera: 15 o 20 vidas perdidas en el Estrecho, que debería ser rebautizado como el Canal de las Esperanzas Perdidas.

   Todos sabemos el porqué vienen, al menos de modo general. Porque en su tierra están muy mal, sin futuro alguno, padeciendo en muchas ocasiones la violencia directa de las guerras fratricidas, o la más difusa de los enfrentamientos entre clanes, grupos políticos opuestos, apoyados, a su vez, por quienes mueven los hilos de oscuros intereses económicos, llámense petróleo, diamantes, minerales estratégicos, o simplemente, control de la tierra.

   Pero yo sigo preguntándome, ¿por qué vienen? Es imposible que no sepan que corren un riesgo; tal vez desconocen, en toda su extensión, los peligros que les esperan: las mafias que les roban y obligan a las mujeres a prostituirse y, a todos, a endeudarse para siempre; la posibilidad, alta, de que sus ilusiones se hundan con ellos en el mar, de noche, a la vista ya de las luces en que han cifrado sus esperanzas, y sin que nadie se percate de su agonía. Las sucesivas huidas hasta llegar a algún puerto, o a un empresario desaprensivo que pague precios de miseria. O, la devolución a su país de origen, frustrados y endeudados.

   Pues, a pesar de todo, apuestan por esa posibilidad que tienen de colarse, sorteando los peligros y rodeando las fronteras. El necesitado, y el que se lucra con él, siempre encuentra el modo de burlar la ley, de hacer la trampa. La necesidad es un acicate muy fuerte. Y la pillería no es sólo española, ni se acabó con Lázaro de Tormes.

   Pero yo sigo diciéndome que la apuesta es muy arriesgada, que es mucho lo que dejan. Su tierra, su lengua, sus seguridades vitales, por precarias que sean, y, sobre todo, su familia, sus hijos incluso, lo más doloroso. Si la apuesta que hacen es tan fuerte, es que las expectativas de ganancia son equiparables. Y ahí actúa como poderoso atractivo la imagen que de nuestras sociedades les llega a través, sobre todo, de cine y televisión.

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