Vivimos en Mallorca, somos mallorquines y eso supone, entre otras cosas, alguna sorpresa para los que aún tienen el cliché de "la isla de la calma". Esa calma ya no se pasea por la calle, refugiada quizá en algunos pueblos del interior y en el silencio de los viejos patios, pero el resto es presión, lucha por la vida y por el dinero, prisa, una población que crece junto al visitante de sol y playa. En los últimos dos años, recibiendo además, un porcentaje muy importante de personas que la eligen para vivir. Unos vienen con poder y dinero desde Europa, otros con la vida colgada del cuello, desde el Sur, desde África o América. Una isla puede ser un pequeño escenario de experimentación sociológica.
Por ello, cuando en otoño de 1999, los cuatro comprometidos en "Jubileo 2000 - Campaña contra la Deuda Externa de los países pobres", subimos al escenario, micrófono en mano, sabíamos que íbamos a impactar como los meteoritos.
Muy pocas personas sabían antes de ese día y a nivel de calle qué problema era aquél, de qué deuda hablábamos. Nosotros, los agentes de la Campaña, tampoco. A decir verdad, hubo mucho que leer y estudiar, para conocer el problema y ser eficaces. A medida que las realidades, cifras, fechas, acontecimientos relativos a la Deuda iban entrando en nosotros, íbamos cambiando, con los propios oyentes interpelados.
Al principio, estupor e incredulidad ("Pero, ¿es posible?"), luego, sensación de impotencia, el problema es macro, es mundial, demasiado, David contra Goliat; luego, poco a poco, como hizo David, empezamos a buscar una buena piedra para ser lanzada; y ésta fue indudablemente la INFORMACIÓN.
INFORMAR incansablemente y con verdad de las causas, la historia, los intentos de cambio, las resistencias, los logros, las expectativas, los cauces, las metas...
Allí siguieron conferencias, charlas, artículos de prensa, el debate televisivo, las tertulias de radio, los conciertos y las plegarias conjuntas.
Porque la balanza la tenía cada uno en su alma, y el fiel de esa balanza se inclina libremente pero sin remedio, cuando el peso de la información honesta va haciéndose insoportable. No forzamos a nadie. No hubo violencia.
El estado de opinión se fue creando reflejado en la recogida de firmas: veintisiete mil personas, nombre y apellido, comprometidas en la misma opción, cuyas firmas salieron de la isla. La isla de la calma inquieta.
Cuando en el último año de la campaña comenzaron a entrar por la puerta de nuestra sociedad mallorquina los heridos de la Deuda, en una avanzadilla espectacular de inmigrantes, en la mente de todos estaba ya escrita la explicación a su éxodo y su causa: coste político y económico de la Deuda en sus vidas. También sabemos que la educación siempre debe basarse en la paz y la justicia en los países de origen de cada uno de ellos. La campaña "Deuda externa ¿Deuda eterna?" se ha cerrado. Pero el problema de la Deuda sigue presente en nuestros corazones. Siento que no podemos parar mientras queden círculos herméticos, desconocedores del gran tema de la Deuda.
Estamos empujando y seguiremos para que el fiel de la balanza de una conciencia mundial advertida, se incline definitivamente por la justicia. Y hasta entonces...
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