El Plan Colombia nació con la pretensión de acabar con las plantaciones de coca, pero lo que ha conseguido es arruinar a los campesinos más pobres. A éstos sólo les ha quedado una alternativa: emigrar a las ciudades. En unos casos por voluntad propia, pues tenían que ganarse la vida al quedarse sin su principal fuente de ingresos; en otros, forzados por grupos violentos.
El narcotráfico ha crecido de forma inusitada y dirime sus asuntos con violencia. Los beneficios de este negocio se utilizan para alimentar las arcas de los alzados en armas, llámense guerrillas, autodefensas o milicianos. Mientras tanto, las fuerzas públicas carecen del presupuesto o el interés necesario para combatirlos.
DESPLAZADOS
Los frutos se contabilizan en cifras: más de dos millones de desplazados que se alojan como pueden en los suburbios de las grandes ciudades, sobre todo Bogotá y Medellín.
Allí, los campesinos que se han quedado ya sin sus tierras pierden también su condición humana.
Ocupan con sus familias edificios inhabitables y se ven obligados a pagar por ello un alquiler. Se hacinan en cuartos malolientes, sucios y medio en ruinas.
La mayoría de estos desplazados son madres, cabezas de familia que se dedican a la prostitución porque carecen de cualquier otra salida y deben mantener a sus hijos, algunos muy pequeños. A pesar de su temprana edad, se ven obligadas a dejarlos solos al atardecer para regresar ya clareado el día, pero, al menos, con unos pocos pesos en el bolsillo.
Es muy difícil transmitir con palabras lo que tan sólo el ojo humano puede ver y el corazón sentir cuando está delante de estas personas. Los inquilinatos nos han impresionado profundamente por la crueldad y dureza con la que están viviendo y por la pasividad de las autoridades y de la Pastoral Social.
PAISAJE PARADÓJICO
Al llegar a Medellín, el contraste de las lomas en la zona montañosa es muy hermoso visto desde lejos. Al atardecer, zonas iluminadas conviven con el verde hasta la mañana. Parece un efecto de la eterna primavera, como si fueran pequeños nacimientos. Pero ésta es una hermosura lejana y engañosa, pues esconde una dura realidad, la de los desplazados en esta ciudad, que se asientan allí.
El verdadero "paisaje" se descubre una vez dentro del barrio. Allí surge la paradoja: lo que parecía hermoso esconde una realidad peligrosa, sucia y llena de miseria. En las lomas de la montaña, los campesinos desplazados viven hacinados en condiciones infrahumanas.
|