Datos
Después de alcanzar la independencia del colonialismo británico en 1956, Sudán no ha conocido más de siete años de paz en los enfrentamientos entre el Norte islámico y el Sur no musulmán.
La situación se resume en una lucha por los recursos del país entre el intento del primero para imponer el Islam y los movimientos de resistencia, que engloban aproximadamente 600 grupos étnicos.
El origen de las tensiones actuales se encuentra en el siglo XIX, cuando árabes y musulmanes, que hoy representan cerca del 60% de la población de Sudán, realizaban expediciones hacia el Sur para capturar esclavos entre la población de origen africano.
Los expertos internacionales empiezan a calificar el conflicto sudanés como "crisis humanitaria constante" por la escasa atención que ha generado entre la comunidad internacional, a pesar de su posición estratégica, pues sirve de puente entre África central y el Mar Rojo, y de sus abundantes recursos naturales.
Gran parte del caudal del Nilo ocupa su territorio y dispone de vastos yacimientos petrolíferos.
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La historia de la etnia nuba está marcada por la represión. Su nombre proviene de los montes que le sirven como refugio al sur de Sudán, los Montes Nuba. Está formada por más de 20 grupos diferentes entre sí, que hablan un centenar de dialectos a menudo ininteligibles entre los propios miembros de la etnia.
Durante siglos, grupos de personas llegaban de diversas partes de la geografía sudanesa a estos montes para protegerse de la persecución que sufrían, bien por parte de comerciantes de esclavos o bien por gobiernos tiránicos que les asediaban. Allí viven fundamentalmente gracias a la agricultura de subsistencia, pues el Gobierno sudanés mantiene aislada la zona, a la que ni siquiera puede llegar la asistencia humanitaria de Naciones Unidas.
Pero quizá ningún asedio ha sido tan brutal como el que se ha venido produciendo en los últimos años. La guerra que enfrenta al norte de origen árabe con el sur africano muestra una especial virulencia en esta región, donde la campaña genocida viene acompañada por la expropiación de tierras. "Se trata de una tragedia sin precedentes, que ningún país de África había visto anteriormente", lamenta Jeff Rowlan, miembro del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
Las cifras de desplazados se cuentan por miles. Entre ellos, 2.500 personas han ido a parar a campos de refugiados en Atbara, una región del norte en la que la violencia de la guerra apenas se deja sentir.
MERCADO LABORAL SATURADO
Con la llegada de desplazados, la región de Atbara ha visto cómo su mercado de trabajo quedaba bloqueado. Esta zona, situada 300 kilómetros al norte de la capital, Jartum, es propicia para la agricultura de regadío, pues se extiende a orillas del Nilo, pero la actividad industrial es prácticamente nula.
Los desplazados nuba, por tanto, se ven obligados a subsistir con la ayuda que les llega de fuera. En Atbara no hay ningún programa para actividades agrícolas en la región. Tan sólo existen algunas pequeñas granjas propiedad de la Iglesia con las que ésta abastece de alimentos los orfanatos que regenta.
Cuando la Iglesia supo de la llegada de los nuba a la Diócesis de Atbara, comenzó a repartir parte de la cosecha obtenida entre los campos de refugiados de la región. Fue así como esta población desplazada supo de la existencia de estas pequeñas granjas y propuso una iniciativa.
Puesto que son grandes conocedores de la agricultura, así se ganan la vida en los Montes Nuba, pidieron la construcción de una granja para no tener que depender ex- |