Tíscar Epigares
Es la responsable de la Comunidad de San Egidio en Madrid. Es Doctora en Ciencias y profesora de Ecología en la Universidad de Alcalá de Heneres.
La Comunidad de San Egidio, nacida en Roma en 1968 y hoy presente en más de 60 países del mundo, es un movimiento de laicos comprometidos en el anuncio del Evangelio y en la caridad con los más desfavorecidos. Esta comunidad dio sus primeros pasos en el ambiente estudiantil del post-concilio, por iniciativa de un joven estudiante de 18 años, Andrea Riccardi, que se dejó llevar por la intuición de que el mundo podía ser transformado a partir del Evangelio.
Hoy la Comunidad de San Egidio está reconocida como Asociación Internacional Pública de Laicos y las cerca de 40.000 personas que forman parte de ella comparten un camino común de solidaridad con los más pobres y comunicación del Evangelio orientado siempre desde la oración comunitaria.
La solidaridad con los más pobres adopta rostros muy diferentes en función de la realidad en que se arraiga cada comunidad: escuelas para niños, comedores para transeúntes, casas de acogida para ancianos, enfermos de SIDA o vagabundos, visitas a prisioneros, etc. Desde 1968 hasta la actualidad, el rostro de nuestra sociedad ha cambiado, y con ella han cambiado los rostros de los pobres que encontramos. Si al principio los niños que vivían en chabolas y que no iban al colegio eran el centro de nuestro servicio, hoy los inmigrantes, los ancianos abandonados, los enfermos de SIDA, son el nuevo continente de pobreza que vive en nuestra vieja Europa.
San Egidio siente la necesidad de comunicar el Evangelio a todos, como deuda alegre que nace de la conciencia de haber recibido la gracia de haber encontrado un tesoro para compartir. El anuncio del Evangelio se convierte así en buena noticia para todos: compañía para los abandonados, consuelo para los indefensos, un anuncio de paz y de reconciliación para un mundo amenazado por las divisiones y las guerras. Este anuncio se realiza de una forma especial a los más pobres, en el espíritu conciliador de Juan XXIII. Vivir el Evangelio junto a los pobres es una de las prioridades de esta comunidad; ellos son hermanos nuestros que comparten nuestra vida y nuestra fe. Desde el principio nacieron comunidades en barrios de la periferia donde se iniciaron servicios de solidaridad con familias necesitadas: eran comunidades de gente sencilla, pobre, a menudo alejada de la Iglesia, pero que poco a poco encontraron el Evangelio, que les fue comunicado de una forma concreta y personal. De esta manera, San Egidio se ha convertido en una familia evangélica donde extranjeros, niños, ancianos y minusválidos se han constituido en movimientos en el espíritu de la comunidad, que dan testimonio de cómo siempre es posible ayudar a otros, superando las barreras de la desconfianza, del sentido de impotencia o de la resignación. En este sentido, estos movimientos hablan a este mundo y constituyen una profecía.
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