Boletín Nº 146
enero / febrero / marzo 2002

Sumario

REPORTAJE


Septiembre, año nuevo. Un mes de cinco días marca el final del ciclo: estamos en 1993. Es el calendario etíope: doce meses de treinta días y uno de cinco. La cuenta de la era cristiana, ocho años atrás. Son las costumbres de la Iglesia Copta, una rama aislada de la Iglesia Ortodoxa. Con sus propios ritos, con su propia manera de rezar. Es el carácter de los habitantes de estas tierras: tener su modo de vivir, y de pensar, y de soñar.
Su historia es muy antigua: el reino de Aksum. Monolitos funerarios de piedra mirando al cielo, aquel cielo que contemplaba la reina de Saba desde su palacio, esperando el hijo que habría de nacer de otro rey, un rey de las escrituras, Salomón. A orgullo tienen su leyenda y su raza, su belleza de origen semita.
Etiopía, llanuras interminables, bosques, montañas afiladas, restos de selva ya desarbolada, tierra fértil y sedienta. Cultura vieja y viejos sueños de progreso y desarrollo. ¿Por qué no lo han logrado? ¿Qué ha fallado durante tanto tiempo? Mandatarios que a lo largo de los años se han cuidado más de llenar sus propias arcas que de hacer crecer a su pueblo. Una guerra interminable con el país hermano, Eritrea. La sangría de un mismo pueblo que se reúne en familia y se separa en política. Nadie entiende lo que ha pasado, pero ahí están los resultados, lamentables. Es el lamento de miles de niños huérfanos, de cientos de familias separadas a la fuerza detrás de una frontera de odio y venganza. Dicen que con esta guerra se ha perdido una generación. La pobreza extrema mutilada de su mejor valor: los jóvenes con ilusión de mejorar su país.


¿Qué ha fallado durante tanto tiempo? Mandatarios que a lo largo de los años se han cuidado más de llenar sus propias arcas que de hacer crecer a su pueblo

CUNA DEL CAFÉ "COLOMBIANO"
"Somos tan pobres que no nos hacen el menor caso desde el exterior...", nos dicen en Addis Abeba, la capital, con amplias avenidas que se abren paso entre chabolas de paja y barro, y entre los niños limpiabotas que tratan de ganar algún birr para comer ese día. "Exportamos café... Lo compra Colombia". La cuna del café está aquí, en la región de Koffa. De ahí le viene el nombre. Los actos sociales giran en torno al café, con una ceremonia larga para compartir con los amigos. Es el obsequio por excelencia del ama de casa cuando te recibe, con gran hospitalidad. La hospitalidad de la gente sencilla, que te da lo que tiene sin preguntarse qué le va a quedar para la mañana siguiente.

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