Boletín Nº 147
abril / mayo / junio 2002

Sumario

VIAJES

Foto: Manos Unidas

Domingo Gutiérrez Rodríguez

Es el Delegado de Manos Unidas en Jerez. Viajó a El Salvador en noviembre de 2001, junto con un grupo de personas de Manos Unidas.

Desearía, antes de pasar a contar los momentos vividos en mi reciente visita a El Salvador, enviar desde aquí un cordial saludo al grupo que me acompañó, cinco mujeres encantadoras, por su gran ayuda y colaboración. Por un lado, por las vivencias que fueron llegando ininterrumpidamente; por otro, por recibir de todas ellas inestimables muestras de apoyo moral y humano.
En la mañana del cinco de noviembre del pasado año, empecé a recorrer un camino que un tiempo atrás jamás hubiera imaginado, un camino que me llevaba en volandas a un país, en este caso a El Salvador, para ser testigo de una gran obra que, gracias al esfuerzo de muchas personas, hace realidad las ilusiones y las alegrías de otras. Recuerdo que en pleno vuelo nuestra presidenta, Ana, me preguntaba: "¿tú crees que habrá en ti un antes y un después de este viaje?". Sin dudar un instante, le contesté: "Soy consciente de a dónde voy, pero me falta vivirlo. ¡Seguro que sí!". Y creo que no me equivoqué, puesto que hoy puedo contarlo con toda la experiencia acumulada, que ha llenado y marcado mi vida en un después para siempre.
Desde que llegamos al aeropuerto de El Salvador, donde nos reciben la hermana Teresa y Marisa, hasta nuestra marcha el día diecisiete, ha habido doce días de intenso trabajo y de continuas vivencias. Las palabras que marcan las líneas fundamentales de Manos Unidas, y en este caso las realidades vistas en su propio terreno, son la ayuda a los más débiles, a los más necesitados en las desgracias ocurridas, a los que han sido víctimas de grandes injusticias y privados de lo más elemental para vivir dignamente, a los que no tienen voz y que gritan desesperadamente pidiendo lo que tarda en llegarles, si les llega. Han sido nuestro fiel acompañante en todo nuestro itinerario.
Nuestro recorrido empieza a las siete y treinta del martes día seis. Nuestra primera visita es a Metapán, donde la cooperativa FUCRISAN tiene un laboratorio para la elaboración de medicamentos naturales, obtenidos y elaborados en sus propios viveros de plantas. Manos Unidas colabora con la construcción de un edificio para el laboratorio que necesitan. Por la tarde nos recoge el padre Miguel Andueza, dominico, para llevarnos hacia Ahuachapán, donde la cooperativa ADIC está construyendo viviendas provisionales en la población de Tacuba. Este pueblo quedó destruido con el terremoto en un 85%; la mayoría de sus 46.000 habitantes quedó sin casa. Manos Unidas ha financiado viviendas provisionales de madera y chapa.
Con mucha dedicación pero siempre contra el reloj por lo apretado del calendario, en los días que siguieron visitamos el país de Norte a Sur y de Este a Oeste. Visitamos proyectos muy variados, como uno en la capital  sobre  la  "Captación  de promotores de derechos humanos", en el que por cierto somos muy bien informados por José Roberto y Ana. Ellos son responsables de la creación de talleres de concienciación para el clero y laicos, formando en las parroquias "Comisiones parroquiales" de denuncias y enseñanza de valores, desde la base de la Doctrina Social de la Iglesia.
Visitamos el Hospitalito, lugar donde asesinaron a Monseñor Romero; la hermana Mª Julia nos enseña la casa donde vivía y sus pertenencias particulares, incluidas las ropas que traspasaron con las balas el día de su muerte. También visitamos unas salas en las que acogen a enfermos de cáncer en fase terminal venidos de los pueblos para el tratamiento de quimioterapia. El drama vivido allí es inenarrable y creo que todos salimos fuertemente emocionados.

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