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Datos
Mindanao es la región situada más al Sur de Filipinas, en el corazón de la zona Asia-Pacífico. Sus vastos recursos humanos y naturales la convierten en una de las áreas preferidas por los inversores en negocios agrícolas, industriales y turísticos.
El Islam se introdujo en Mindanao en el año 1310 y dio lugar a las primeras comunidades árabes en la isla.
Durante mucho tiempo, esta isla fue tierra de diversidad, donde distintas etnias, culturas, tradiciones y creencias convivían en paz. Sin embargo, las relaciones entre estos grupos se fueron erosionando y acabaron por desembocar en los años 70 en actos de protesta contra las autoridades del gobierno.
Las manifestaciones se convirtieron en un conflicto armado que vio nacer a varios grupos islámicos terroristas.
En septiembre de 1996, guerrilla y gobierno firmaron un acuerdo de paz que nunca llegó a convertirse en una realidad. Aquí es donde entran en juego las organizaciones de la sociedad civil, que decidieron no darse por vencidas y trabajar ellas mismas por que ese acuerdo significara una paz real en la isla.
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Tras más de 30 años de conflicto armado, el proceso de paz en la isla de Mindanao, la segunda más grande del archipiélago filipino, ha quedado en manos de las organizaciones sociales, cívicas y religiosas. Después del acuerdo de paz firmado en 1996, las promesas de desarrollo económico no se han cumplido aún, lo que ha generado un clima de descontento cuyo punto culminante han sido los enfrentamientos de hace dos años.
Como consecuencia, 150.000 personas viven desplazadas, es decir, fuera de sus hogares aunque dentro del país. Muchos cultivos se han abandonado, las escuelas han cerrado sus puertas y la población cada vez está más dividida. El clima de violencia ha generado una gran desconfianza entre grupos que conviven en las mismas comunidades. Musulmanes, cristianos e indígenas permanecen juntos, pero con muros de tensión y recelo entre sí.
"En un ambiente así, las posibilidades de ejecutar un proyecto de desarrollo con éxito son casi nulas", afirma de manera contundente Mark T. Pierce, representante del Catholic Relief Services (CRS), una organización que trabaja desde hace dos años y medio en proyectos de reconciliación y paz en Mindanao.
Según los resultados de una encuesta realizada por el CRS entre las organizaciones sociales de Filipinas, la mayor necesidad de la población filipina es acabar con la desconfianza y la intolerancia entre los grupos musulmán, cristiano e indígena. A partir de ahí, ha nacido un proyecto de reconciliación y paz promovido por cuatro organizaciones pertenecientes a CIDSE (Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Solidaridad), entre ellas Manos Unidas, que trabaja con el CRS como contraparte y aporta para este proyecto una cantidad equivalente a 39 millones de pesetas.
DESDE ABAJO
La llave de la paz la tienen las organizaciones sociales; con ellas trabaja el CRS, que ha puesto en marcha un equipo de expertos que imparte entre ellas seminarios sobre educación para la paz y sobre gestión de entidades no lucrativas. Este grupo está formado por personal muy cualificado en materias de organización comunitaria, paz y reconciliación, conflictos religiosos, concienciación, etcétera. Actúa de forma autónoma respecto a la organización responsable del proyecto y tiene previsto conseguir que estas entidades locales funcionen por sí mismas y desarrollen nuevas líneas de financiación una vez haya terminado este proyecto, que tiene una duración de tres años.
Mejorar la capacidad organizativa y técnica de las organizaciones que trabajan en las regiones más desfavorecidas de Mindanao es el objetivo primordial de este pro- |