El 1 de septiembre de 1988 comenzó mi labor en esta Organización, en el Departamento de Proyectos; siempre me atrajo la idea de participar en una ONG y Manos Unidas fue la que me brindó esta oportunidad. Trabajé como secretaria en el desarrollo de los proyectos desde su solicitud hasta su financiación, y pude ver más cercanos los problemas tan acuciantes del Tercer Mundo; me encontré muy a gusto durante el tiempo que permanecí allí.
Después pasé a Secretaría General, donde tuve el cometido, entre otros, de la atención a los distintos donantes. Pude comprobar la cantidad de personas que se implicaban en las necesidades de los Países del Sur. Me resultaba muy emotivo ver al niño que venía feliz porque había abierto su hucha y lo entregaba todo para otros niños que carecían de lo que él tenía cada día, al jubilado que de una pensión mínima entregaba mensualmente una cantidad fija, a la persona que llegaba a nuestras oficinas para comunicar que había hecho testamento en favor de Manos Unidas. Otro trabajo de este departamento era la relación con las delegadas de las distintas diócesis, pues nuestra misión era no sólo tramitar toda la correspondencia con ellas, sino también preparar y asistir a las Asambleas y Jornadas que se celebran dos veces al año, donde tuve la ocasión de conocer a personas estupendas y de las que aprendí mucho.
Actualmente me encuentro en Recepción-Información, compartiendo el trabajo con otra compañera. Recibimos todas las llamadas telefónicas que llegan tanto de España como del Tercer Mundo, distribuyendo las que corresponden a cada persona o departamento. Al mismo tiempo, atendemos directamente a aquéllos que se interesan por el funcionamiento de nuestra Organización o la forma de colaborar económicamente, o con otro tipo de donación. Manos Unidas no recoge donaciones de material, pero hemos recibido a gente que traía todo tipo de cosas, desde ropa, material de oficina, material quirúrgico, libros de texto, ordenadores…, hasta lo más curioso, como ¡dodotis!
Todo esto me hace comprobar día a día la solidaridad que existe con los Países del Sur. Me conmuevo cuando al otro lado del teléfono oigo una voz que me cuenta su gran problema personal, algo que no tiene que ver con mi trabajo, pero a la que consigo tranquilizar y aliviar por el hecho de ser capaz de escuchar, comprender y tratar de encaminar al lugar donde puede encontrar una solución; esto es motivo suficiente para que yo también sienta cierto bienestar.
Recibimos a las personas que vienen diariamente a visitarnos, nos cuentan lo que desean y, según el tema, se les dirige a quien proceda o se les atiende directamente si corresponde. Otro cometido nuestro es la recepción del correo electrónico, así como del ordinario, y su adecuada distribución.
Estos trabajos los complementamos con la ejecución por ordenador de la memoria interna. En este documento se incluyen las actividades que se realizan con motivo de la Campaña en las 71 Delegaciones y los diferentes departamentos de los Servicios Centrales de Manos Unidas. A esto se suman diversos asuntos que surgen a lo largo del día, como el contactar con las mensajerías.
Este último puesto en el que estoy me ha servido para relacionarme con muchas personas, que me han aportado mucho y que me han dado fuerza para seguir trabajando con ilusión para el Tercer Mundo.
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