Boletín Nº 148
julio / agosto / septiembre 2002

Sumario

A FONDO
INFORME


Foto: Manos Unidas

"O aprendemos a caminar juntos en paz y armonía, o quedamos a la deriva y nos arruinamos y arruinamos a los demás"
(Juan Pablo II, en Asís)

En un mundo cada día más interdependiente y global, el diálogo interreligioso exige el conocimiento de los demás y la disposición a relacionarse respetando la diversidad de religiones y creencias. La aceptación de este pluralismo es un camino imprescindible para afianzarse en la propia identidad confesional, una fuente de mutuo enriquecimiento cultural y humano. Vivir en el pluralismo tampoco es fácil y plantea el desafío de "poseer convicciones que no se disuelvan en un relativismo manifiesto y que no se encastillen en los falsos absolutos del fanatismo".
En la larga historia de la humanidad, la religión aparece como una fuente y un camino decisivo para la paz; sin embargo ha sido, en algunas épocas, uno de los factores que han contribuido a la discordia y la lucha armada. El nombre de Dios se ha pronunciado con sentidos enteramente contradictorios. Se nos hace evidente que los ídolos del poder y del dinero están activos y se cobran muchas víctimas, pero disfrazados bajo apariencias religiosas.
Actualmente, la religión aparece en interdependencia con otros factores en algunos conflictos en muchos países: Líbano, Irán, Israel, territorios palestinos, Pakistán, Afganistán, Nigeria, Sudán, Argelia, Filipinas, Indonesia, Islas Molucas, India, Irlanda del Norte, Repúblicas de la Antigua Yugoslavia, Repúblicas de la Antigua URSS. En muchos casos, la religión actúa como un importante factor de identidad en las comunidades en conflicto: hindúes y musulmanes en la India; católicos y protestantes en Irlanda del Norte; musulmanes y cristianos en Indonesia o en Filipinas. Estos conflictos se presentan como religiosos; sin embargo, suelen tener más que ver con la manera como la religión define a un pueblo y a una cultura que con la doctrina religiosa de la misma. Por este motivo, una vez despertados los sentimientos religiosos vinculados a las pasiones tribales nacionalistas, territoriales o patrióticas, suelen ser ferozmente defendidos. Por eso, afirma Juan Pablo II que "la violencia, en todas sus formas, es contraria, no solamente al respeto que debemos a todo ser humano, sino también a la auténtica esencia de la religión".
Tenemos que recordar el examen histórico que hizo la Asamblea Ecuménica "PAZ Y JUSTICIA", que se reunió en Basilea en mayo de 1989. Los más de 500 delegados de las iglesias, movimientos e instituciones, a la vez que reconocían que la de Europa es una historia de grandes realizaciones, afirmaban también que, "cismas y guerras de religión han tenido un gran impacto. Muchas guerras fueron de religión. Millones de hombres y de mujeres fueron torturados y asesinados a causa de sus creencias.

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