Boletín Nº 148
julio / agosto / septiembre 2002

Sumario

En primera persona


Mons. Zacarías Kamwenho
Arzobispo de Lubango y Presidente de
la Conferencia Episcopal de Angola y Sao Tomé (CEAST)

Mons. Kamwenho es un apóstol de los derechos humanos y de la paz. El Parlamento Europeo, en reconocimiento a su labor, le concedió el Premio Sajarov a los Derechos Humanos 2001.

Monseñor Zacarías Kamwenho tenía previsto participar en el "Foro sobre África" que Manos Unidas organizó el pasado mes de abril en Madrid. Cuando ya había confirmado su asistencia, una enfermedad le impidió viajar a nuestro país, pero él quiso estar presente en el Foro de la única forma que podía hacerlo, con una carta que reproducimos a continuación:

Recibí con gozo la invitación para pronunciar unas palabras en la sesión de clausura del Foro sobre África organizado por Manos Unidas, foro que se celebró en la ínclita ciudad de Madrid. Cuando todo estaba preparado para hacer efectiva esa participación, sufrí una tromboflebitis en la noche del Domingo de Ramos al Lunes Santo. Acepté resignado la invitación del Señor para participar físicamente con Él en su Pasión y Resurrección, manteniéndome atado a un lecho con unos dolores nunca sufridos antes. La paz en Angola, la paz en África, la paz en Medio Oriente llenaba mi "sí" al Señor, Padre y Madre de todos nosotros.
La lectura que la Iglesia hace de los últimos acontecimientos de mi país, Angola, después de la muerte del líder de la rebelión, Jonas Savimbi, ocurrida el 22 de febrero pasado, la firma de dos acuerdos de alto el fuego por las fuerzas militares del Gobierno y de UNITA, así como los actuales desafíos constituían el núcleo de mi comunicación en ese Foro sobre África. Angola tiene una misión en el concierto de África, y de África Austral, incluida la Región de los Grandes Lagos. Y es este rostro de Angola el que me gustaría haber presentado en Madrid.
Celebramos en la Iglesia Católica el 1º Congreso Pro Pace en el año 2000. Hubo una preparación para entender la Angola del año 2002. La sociedad civil fue animada para asumir sus responsabilidades en la construcción de la democracia. Y lo verificamos el pasado 4 de abril con la firma de los acuerdos de alto el fuego, por la manera como el acontecimiento no reconoció ni vencedores ni vencidos. Todos saludaron la llegada de la paz queriendo participar en la reconstrucción de la nación.
A partir del referido Congreso, muchos foros, debates políticos y seminarios se han organizado. Nos sentimos felices por esa contribución de la sociedad civil, que vemos más determinada a la reflexión y defensa de sus derechos, y el afán de procurar el bien común.
Cuando ahora escuchamos los discursos políticos de los partidos, utilizando palabras como paz, reconciliación, tolerancia, perdón... vemos que el espíritu de Dios trabaja en lo más íntimo del hombre y la mujer de hoy. Por todo eso confiamos en que conseguiremos vencer los desafíos a los que nos enfrentamos: los refugiados que van a llegar de los países vecinos, los desplazados de la guerra que regresan a sus lugares de origen, la reintegración de los soldados de UNITA y sus familias, la desmovilización, el desarme de la población civil, la constitución de un solo ejército sin lazos con ningún partido, la pandemia del VIH/SIDA que, aunque no tan alarmante como en países vecinos, nos acecha todavía principalmente a causa de los que van a llegar de esos países quizá ya infectados.
Confiamos en Dios, confiamos en la comunidad nacional e internacional. De esto nos tiene dado ejemplo Manos Unidas a lo largo de los años en que la conocemos. Por todo eso, desde esta silla en la que estoy convaleciente de mi flebitis, bendigo los trabajos del Foro sobre África, agradezco la invitación y me siento unido a todos vosotros. Muchas gracias.

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