Pedro Opeka
Padre Paúl. Tras nombrarle director del seminario en Antananarivo (Madagascar), le impresionó la cantidad ingente de familias que vivían en los basureros.
De ahí surgió la Asociación Akamasoa, de la que es responsable.
Después de 32 años en la Gran Isla, siento que Madagascar está actualmente en una situación crucial y decisiva de su historia. Desde mi ordenación sacerdotal creo que Dios está del lado de los más pobres y yo me sitúo del mismo lado.
El pueblo Malgache ha vivido mucho tiempo bajo la opresión de dirigentes que se presentan como demócratas. Pero en realidad han mantenido a toda la población bajo la influencia de un partido político bastante poderoso y han dejado el país en la miseria más extrema. Veintidós años de administración de este régimen han situado al país en lo más bajo de entre los países pobres del planeta.
Esta vez, los ciudadanos malgaches han decidido salir de su pasividad, decepcionados de todas las promesas vacías y sin futuro. La población quiere un verdadero cambio. Éste es el motivo por el que la gente se ha desplazado para ir a las urnas y votar masivamente. Según los observadores imparciales, las elecciones las ha ganado Marc Ravalomanana, que ha prometido un buen gobierno, transparencia y una acción más rápida para disminuir la pobreza. Si los electores han votado por él, ha sido para mostrar al mundo que quieren cambiar una clase política demasiado corrompida.
Didier Ratsiraka y su gobierno han sido rechazados por la gente; una sorpresa para él, que esperaba vencer en la primera vuelta. Mal informado y lejos de las verdaderas preocupaciones de la gente, no quiso aceptar esta decisión y ésta ha sido la verdadera causa de todos los males que padece el país actualmente. El dictador ha castigado a este pueblo ingrato y se ha vengado instalando barreras económicas para asfixiar a la capital. A esto se han sumado amenazas, terrorismo, incitación a la guerra tribal y civil, etcétera. Todo para destruir el dispositivo productivo e impedir que su sucesor tenga éxito allí donde él ha fracasado, en la lucha contra la pobreza.
El país está al borde de la implosión. Esto es el amor de un ex presidente por su patria. ¿Dónde está el honor de una persona que no sabe dimitir en provecho de la nación malgache entera? ¿Y cómo tener un diálogo con alguien que te aterroriza?
Para exigir sus derechos, centenares de miles de ciudadanos han salido a la calle. Con manifestaciones pacíficas han querido convencer al régimen saliente y a la opinión internacional de que han decidido defender su derecho más sagrado, sus votos en las elecciones y la democracia. ¡Pero el presidente ha hecho oídos sordos a todas estas peticiones!
Esta crisis quedaría resuelta rápidamente si finalmente el ejército permaneciera al lado del pueblo. La guardia presidencial está armada hasta los dientes y una ínfima parte de las fuerzas armadas se ha quedado a las órdenes del anciano presidente. Esta parte del ejército siembra el terror especialmente en provincias bajo las órdenes de Ratsiraka. ¡Ninguna legalidad que se reclame puede basarse en el terrorismo! En las seis provincias, la gran mayoría de la población no sigue a Ratsiraka. La población espera con miedo y angustia que la verdad y la elección de la gente obtengan la victoria.
Si el 80% del ejército ha permanecido sin intervenir hasta ahora, ha sido por no empeorar la situación y comenzar así una guerra civil. Después de la elección del nuevo presidente para defender la patria frente a los terroristas, que han comenzado a dinamitar los puentes, una parte del ejército ha tomado posición y defiende con las armas el patrimonio nacional.
Un avión del ejército argelino ha transportado cinco toneladas de armas para el anciano dictador, ¡sin que la diplomacia internacional haya condenado esta llegada ilegal de armas! Podemos ver cómo en las cosas de la política internacional hay dos pesos y dos medidas.
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