Las minas pueden permanecer activas durante décadas, siendo su
principal función la de mutilar. La mayor parte de los países más minados carecen de la infraestructura necesaria para que las víctimas sean trasladadas y atendidas a tiempo.
El medio ambiente queda seriamente dañado y altera la economía del país, la hambruna se hace persistente
y las oleadas de refugiados aumentan trasladándose penosamente en busca de un lugar donde haya
descanso y paz.
Efectos sobre la población civil
En cifras, cerca de 800 personas civiles mueren por minas antipersonales y 450 son gravemente heridas cada mes, en todo el mundo. Para que nos hagamos a la idea, ya sólo en Camboya, considerado como el país con más alto porcentaje de habitantes mutilados, el número de muertes se sitúa en 62.000.