Teóricamente, todos los campos
de minas deberían ser limpiados en un esfuerzo
colectivo intenso de las partes implicadas una
vez finalizado el conflicto. Pero como veremos
más adelante, ésta no es la práctica habitual,
debido al elevado coste del desminado ya la
inexistencia de los planos de localización de
las minas (que son "obligatorios"). De
hecho, el primer paso es determinar el campo de
minas y, si es posible, identificarlas. Los
partes de hospitales y clínicas, las
indicaciones de los habitantes o las
organizaciones de cooperación pueden ser de gran
ayuda, pero especialmente valiosos son los datos
que puedan facilitar las partes en conflicto
sobre su ubicación. Sin esta información
correcta y precisa, la tarea puede ser mucho más
larga. El problema es que los datos no siempre
están recogidos y, además, la utilización de
siembraminas aéreos dificulta todavía más la
localización exacta.
Las
actividades militares encaminadas a facilitar el
limpiado de minas son raramente llevadas a cabo,
incluso en las guerras convencionales. En el caso
de guerras no convencionales o civiles el
desminado es aún menor. Éste es un tema
prioritario para paliar los graves efectos
producidos por las minas, y la única forma de
recuperar estas zonas para sus habitantes, ya que
podrían aliviar los graves problemas de estas
poblaciones que, a causa de las constantes
amenazas de las minas, siguen viviendo como
refugiados o pasando hambre junto a campos
fértiles.
En
general, las fuerzas militares tan sólo se
dedican a abrir brechas, que permitan el paso de
vehículos y personas en un momento determinado,
pero esto supone despejar un 10% de la zona
afectada, una limpieza completa que permita la
actividad normal de la población civil,
significa remover el 100% de las minas (Richard
Ogorkiewicz. "Plague of land mines. More
action required. lnternational Defense Review.
Enero 1995].