Desde
el punto de vista histórico, el término
mina
procede de una antigua técnica militar que
consistía en excavar cimbres (minas) con el fin
de atravesar las líneas enemigas e introducirse
en una fortaleza o para socavar los muros de
aquélla. Con la aparición de la pólvora se
introdujo una variación: el extremo de la mina
se llenaba de explosivo para luego volarlo. Esta
práctica se generalizó tras el Renacimiento y
se utilizó con profusión durante la I Guerra
Mundial.
Básicamente, una mina
es una pieza
hueca con una carga en su interior y un
dispositivo de fuego que estalla bajo una simple
presión u otras formas
de contacto.
Se pueden
activar y detonar por la simple presión de un
cuerpo sobre ellas, por medio de un alambre,
al sentir las vibraciones de un motor, a
través de complejos sistemas magnéticos, por
barreras de infrarrojos, etc.
Según la
Convención sobre Ciertas Armas Convencionales
"se entiende por mina toda munición
colocada debajo, sobre o cerca de la superficie
del terreno u otra superficie cualquiera y
concebida para detonar o explotar por la
presencia, la proximidad o el contacto de una
persona o vehículo".
Las minas
se consideran armas convencionales, siempre y
cuando su carga no sea química o nuclear.
El objetivo de las minas
Cuando se habla
de minas o de otro tipo de armamento, se piensa
casi instantáneamente que su uso está dirigido
a la