El derecho a la alimentación ha sido proclamado públicamente de forma reiterada, desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 hasta la Cumbre sobre la Alimentación, celebrada en Roma en 1996, pasando por la Declaración sobre el Progreso y el Desarrollo en lo Social, 1969; la Declaración universal para la eliminación definitiva del hambre y la malnutrición, 1974; la Declaración mundial sobre la nutrición, 1992. Sin embargo, ayer y anteayer, hoy y mañana, cada día, unas 30.000 personas mueren de hambre en el mundo.
La FAO estima que, en los países en desarrollo, más de 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, unos 200 millones de niños sufren malnutrición. Cada año, casi 11 millones de niños y niñas menores de 5 años mueren como consecuencia directa o indirecta del hambre y la malnutrición. Millones de niños padecen enfermedades relacionadas con una alimentación deficiente en vitaminas y minerales y con la contaminación de los alimentos y el agua. Estas cifras tan escandalosas son inaceptables porque "mundialmente hay alimentos suficientes para todos".(1) Así lo confirma el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), correspondiente al año 1999: "Pese al rápido crecimiento de la población, la producción de alimento per capita ha aumentado casi el 25%, la oferta de calorías ha aumentado de 2.500 a 2.750 y la de proteínas de 71 a 76 gramos. Pero unos 868 millones de personas están desnutridas".
El hambre como fenómeno humano es evitable
Hasta la década de los 80 las causas últimas del hambre eran atribuidas a catástrofes climáticas, crecimiento demográfico alto y atraso en las técnicas agrícolas, especialmente en los países del Sur.
(1) FAO y OMS. Conferencia Internacional sobre la nutrición.
Informe final de la conferencia. Roma 1992. |
30.000 personas mueren de hambre cada día en el mundo |