Brasil posee uno de los peores modelos de distribución de la renta del mundo. La propiedad de la tierra es en este país un fuerte instrumento de poder, que lleva a una minoría de latifundistas a conquistarlas, enajenarlas, defenderlas y concentrarlas, utilizando métodos de extrema violencia para aquellos que se atrevan a atravesarlas.
Sus propietarios las adquieren como signo de prestigio, poder político o inversión especulativa (industrias madereras, multinacionales del sector alimenticio...), pero sin ningún ánimo de cultivarlas. Mientras, millones de campesinos sin tierras continúan luchando en este proceso tan profundamente injusto y violento para conseguir su derecho a tener tierra en la que poder plantar para subsistir.
Los trabajadores rurales están desprotegidos y perjudicados por las leyes y la Justicia brasileña.
Los datos estadísticos muestran el agravamiento a lo largo de los años de la concentración de la tierra, de la desigualdad y de injusticia en el campo. En el mes de agosto de 1996, el Instituto de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) lanzó el "Atlas Fundiario Brasileño", en el que se presenta de manera resumida, una radiografía de la estructura de la tierra del país, obteniéndose los siguientes datos:
La propiedad de la tierra está concentrada en las manos de una minoría de la población: cerca del 46% de las tierras del país están en manos de apenas el 1% de la población. La concentración de la tierra conlleva paralelamente la concentración de la propiedad de los medios de producción, del poder económico, de la renta y del poder político.
l Propiedades rurales: La superficie total de Brasil es de 850 millones de ha. (IBGE-86). Los minifundios (incluyendo
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Brasil tiene uno de los peores modelos de distribución de la renta |