|
|
"La cuestión que más profundamente se nos plantea no es tanto si somos creyente o ateos, sino de qué Dios somos creyentes y de qué Dios somos ateos. Nuestro problema no es si existe o no existe Dios, sino cuál es el Dios verdadero. Discernir entre el Dios verdadero y multitud de ídolos.
Este planteamiento nos viene de la realidad de nuestro continente, un continente mayoritariamente cristiano, donde todo parece hacerse en nombre de Dios, y donde hasta la miseria y la explotación están recubiertas de una legitimación religiosa. Ya en los orígenes de la fe cristiana en nuestro continente, hace quinientos años, se hicieron en nombre del Dios cristiano muchas cosas que contradicen su voluntad más evidente. La cruz legitimó la espada. En nombre de Jesús se marcó a fuego el bautismo de los esclavos negros deportados de África. En nombre de Dios se exigió la obediencia a los monarcas del imperio extranjero, incluso en el momento posterior de la independencia nacional. En la pasada década hemos vivido tiempos de guerra en los que la cruz era enarbolada en ambos bandos. Y aún hoy día, cristianas son las mayorías oprimidas de América Latina y cristianos se dicen también sus opresores. El nombre de Jesús es pronunciado entre opresores y oprimidos con sentidos enteramente contradictorios. Se nos hace evidente que los ídolos del poder y del dinero están activos y se cobran muchas víctimas, pero disfrazados bajo apariencias cristianas" (Pedro Casaldáliga, obispo).
|
|
|
de qué Dios somos creyentes y de qué Dios somos ateos |