Gestión solidaria del planeta - nº15
Seguridad alimentaria.

Sumario

I.- PANORAMA  A  PRIMERA  VISTA

Desde que Malthus lanzase, allá por finales del siglo XVIII, la advertencia sobre el peligro que significaría el crecimiento descontrolado de la población mundial, el discurso sobre el desarrollo económico, el bienestar de las naciones y la población ha girado siempre en torno al binomio "explosión demográfica – desarrollo". Desde que tenemos uso de razón, la idea de superpoblación o de explosión demográfica ha ido asociada a pobreza, desnutrición, enfermedades, hambrunas en Bangladesh, la India, Etiopía y cualesquiera países del Tercer Mundo que se nos puedan venir a la mente. Resulta que parece existir una relación directa entre el crecimiento demográfico y la aparición de todo tipo de males (1).

Luego, por otra parte, nos llegan noticias de que realmente, por poder, el Planeta podría alimentar a toda la población, si se gestionasen bien los recursos. Este contrasentido nos llena de inquietud y, además, apunta a que los que vivimos en el mundo desarrollado, por el hecho de haber nacido aquí, somos todos responsables de las imágenes de niños famélicos que aparecen de vez en cuando en la televisión y nos plantea una serie de interrogantes. El primero, ¿qué puedo hacer yo, ciudadano de a pie y feligrés de mi parroquia, en el caso de los cristianos, para resolver el problema, aparte de dar cien, mil o diez mil pesetas en las cuestaciones para las campañas contra el hambre? El segundo, ¿qué pueden hacer las organizaciones dedicadas a paliar este problema, como la Cruz Roja, Cáritas, Manos Unidas y el resto de ONG y ONGD comprometidas con el problema? El tercero, ¿y los Estados, no tienen nada que decir? Porque a uno le da la impresión de que esto es un problema tan grande que más parece una cuestión de los gobiernos y organismos internacionales, que de todas las organizaciones altruistas que, saturadas de buena voluntad, se esfuerzan por ayudar. Al final, después de aportar mil pesetas (seis euros) para acallar nuestras conciencias, salimos de misa de una y nos gastamos 2.000 pesetas (12 euros) en tomarnos unas cañas y una ración de bravas. Y  así  sucesivamente,  el  tiempo

el Planeta podría alimentar a toda la población si se gestionasen bien los recursos

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