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Los hechos que condujeron a la crisis de la deuda no pueden explicarse sin hacer referencia al contexto global en el que se produjeron esto es, a un orden
económico internacional caracterizado por la primacía del mercado y una situación de "desgobierno" consecuencia, a su vez, de la fragilidad y las asimetrías propias del marco institucional y normativo creado tras la Segunda Guerra Mundial.
Los arquitectos del orden económico internacional de posguerra, reunidos en 1944 en Bretton Woods, partían del "doloroso aprendizaje" de la crisis de 1929 y la "Gran Depresión".
En Bretton Woods debería establecerse un marco
regulador que impidiera que volvieran a repetirse esos acontecimientos y sus nefastas consecuencias: desempleo masivo, pobreza, políticas económicas de "empobrecer al vecino" que agravaban la recesión y, en el plano político, descontento social que dio origen a los fascismos, las dictaduras, el militarismo y, en última
instancia, la guerra. Aunque no se hiciera explícito, el lema de Bretton Woods fue iNunca más!
Era preciso para ello establecer mecanismos institucionales y normativos eficaces para asegurar la gobernación macroeconómica global, la estabilidad monetaria y financiera, flujos de capital ordenados y predecibles, la expansión de los intercambios comerciales, un crecimiento equilibrado y, en última instancia, pleno empleo y bienestar para todos. La Conferencia, sin embargo, aprobó la
propuesta de Estados Unidos, dando origen al FMI y al Banco Mundial o, como se dijo en su momento, "un
fondo en lugar del banco y un banco en lugar del fondo".
Son varios los economistas que, en un ejercicio de economía-ficción,
señalan que, aunque Keynes mostró poco interés por los problemas del subdesarrollo y no pudo anticiparse a los difíciles problemas de nuestro tiempo, sus
imaginativas propuestas tal vez hubieran significado un comercio mundial más ordenado, con precios internacionales más estables y menos proteccionismo en los países industrializados; unos flujos de capital más estables y predecibles entre el Norte y
el Sur.
Para los países en desarrollo, que arrastran aún el peso de una cuantiosa deuda externa, este es un asunto crucial. No basta con reducir el peso de la deuda. Es necesario eliminar las causas que le dieron origen y asegurar que sus
necesidades de financiación puedan ser cubiertas a través de mecanismos estables,
responsables y equitativos. Para que, de esta forma, el sufrimiento humano que ha producido la crisis de la deuda nunca más vuelva a
aparecer.
José Antonio
Sanahuja. Prof. de Relaciones Internacionales. UCM.
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