Queremos proponer aquí, por un lado, que otro proceso de organización de las relaciones productivas es posible, tanto a nivel nacional como global; y, por otro, que un movimiento de globalización está desarrollándose en el seno de la globalización de la conciencia humana. Ambos son signos de esperanza y llevan en sí mismos la fuerza irradiante de una ética superior.
La discusión sobre las alternativas en el plano de las relaciones sociales es siempre caminar entre dos abismos. De un lado, el riesgo de caer en el voluntarismo utópico, de otro, el de deslizarse en el conformismo fatalista y sólo aparentemente pragmático. El mundo actual es duro para la mayoría, pero no es el único mundo real, pues dentro de él se encuentran en potencia los gérmenes de otra realidad (aquí el tiempo es visto como espacio de experiencia y, al mismo tiempo, horizonte de expectativa). Cada uno de nosotros tiene no sólo el derecho de soñar con esa otra realidad, sino también la co-rresponsabilidad de ayudarla a nacer y a manifestrase.
El objetivo a largo plazo es reintegrar la economía en el ecosistema social nacional y global, convirtiéndola de fin en medio de generar bienestar a todos y cada uno de los ciudadanos. El rechazo del mercado total y de su ética no significa ni la abolición total del mercado ni el fortalecimiento absoluto del Estado. Intenta, así, promover a la sociedad y a cada uno de sus componentes en sujetos activos de la economía. En el plano político-económico esto implica la democratización del Estado a fin de que sirva de motor político de una estrategia participativa y solidaria de desarrollo y de la propiedad de bienes productivos, de forma que garantice la participación de todos los que trabajan en el control y gestión de esos bienes. Esto ha sucedido en escala creciente en el país con |
el objetivo es convertir la economía en medio de generar bienestar para todos y cada uno de los ciudadanos |