Durante mucho tiempo se ha discutido hasta dónde el elemento cultural es responsable de la pobreza. Hay teorías que tratan de explicar la pobreza desde la cultura, haciéndola responsable última de la pobreza y, por tanto, proponiendo como solución procesos educativos que logren integrar a modelos culturales con más posibilidades de éxito. Estas teorías han sido criticadas por culpar a la pobreza de su propia desgracia. Como reacción a la excesiva simplificación del problema, ha habido un rechazo a considerar los aspectos culturales como claves para superar la situación de pobreza crítica.
Preferimos no retomar los planteamientos de Oscar Lewis1 que obligarían a una larga argumentación. Sin entrar, pues, en espinosas discusiones sobre el concepto de cultura, vamos a plantear algunos elementos universalmente reconocidos como parte integral de su definición.
El primero es que cultura tiene algo que ver con el medio ambiente. Uno de los elementos que conforman las culturas es el medio en que se desarrollan. El ambiente cualifica las necesidades humanas a las que la cultura responde. No es lo mismo, por ejemplo, la supervivencia en el frío ártico que en el calor tropical. El medio también proporciona los recursos para responder a estas necesidades.
Es importante entender que cuando hablamos del medio ambiente, sobre todo en sociedades modernas, no nos referimos únicamente a la naturaleza, sino que incluye toda la organización social y las transformaciones que ésta ha producido en la naturaleza. De esta forma la cultura tiene un aspecto de adaptación de un determinado grupo social a un medio ambiente para su supervivencia.
1 Oscar Lewis. La Cultura de la Pobreza. Anagrama. Barcelona, 1972. |
la cultura tiene un aspecto de adaptación de un grupo social a un medio ambiente para sobrevivir |