Tan cerca, tan lejos - nº 7
La cultura de la pobreza

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Se usa también para efecto demostración de la imagen que la familia quiere dar: muebles y electrodomésticos, títulos obtenidos en los estudios, símbolos de la preferencia religiosa, fotografías de momentos importantes o miembros prominentes (por ejemplo, migrantes). El espacio está cargado de elementos simbólicos.

La dimensión espacial de la vida humana tiene un peso simbólico  importante.  Quizá  se  puede  incluir  entre  los

EL AGACHE


  La cultura de la violencia se ha relacionado frecuentemente con la pervivencia de   una cultura autoritaria. Aunque ambas son formas no democráticas de   estructuración de las relaciones sociales, se trata de dos fenómenos distintos. Las   culturas autoritarias se caracterizan por la disciplina y la ausencia de participación.   La autoridad se estructura verticalmente de acuerdo a un patrón cultural   homogéneo. Las culturas tradicionales, de corte patriarcal, son culturas de orden   autoritario. En ellas el padre de familia tiene el reconocimiento de una autoridad   moral que le permite gobemar la familia.

  Sin embargo, las culturas populares urbanas nuestras no se caracterizan por la   disciplina, sino todo lo contrario. Tenemos comportamientos desordenados e   indiciplinados, en los que prima la espontaneidad, el inmediatismo y la anomia.

  La obediencia no se da como expresión del "respeto" a la autoridad, sino como   sometimiento al poder imnpuesto por la violencia. No existe disciplina ante un   orden establecido, sino sumisión a la represión, que deja actitudes de   resentimiento que pueden resultar en explosiones colectivas de violencia.

  Lejos de obstaculizarse la participación, existe un deseo de tomar parte, de   protagonizar, de expresar su palabra.

  Nos encontramos ante una cultura de la violencia y no de la autoridad. Una cultura   que se caracteriza no por el respeto, sino por el agache, por la espera estratégica   de "su hora" con actitud de "cuchillo no guardado", como dice el poeta Manuel de   Cabral. Se trata se una cultura que no ha renunciado a su identidad y autoestima.   Pero que ha tenido que "agacharla" en espera de su oportunidad.


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