La situación de exclusión, de desprecio y humillación en su relación con la situación global y la ausencia de símbolos de prestigio que valoricen la persona traen como consecuencia una identidad vergonzante, una baja autoestima.
Una de las alternativas al esfuerzo de afirmarse en el mundo se abre como negación de su propia identidad y como búsqueda de la alteridad. En su Retrato del Colonizado, Albert Memmi nos describe esta situación: "El rechazo de sí mismo y la estima por el otro son rasgos comunes a todo candidato a la asimilación. Y los dos componentes de este intento de liberación están fuertemente ligados: el amor por el colonizador está cimentado sobre un complejo de sentimientos que van desde la vergüenza hasta el odio hacia sí mismo... Para liberarse, al menos así lo cree, admite su propia destrucción".
Pero este esfuerzo por asumir otra identidad es un esfuerzo fallido. No se tienen los recursos para ello. Se empeñará en situar su incorporación a la ciudad en la posesión de bienes que son el símbolo de la ciudadanía, pero para los cuales no tiene los recursos necesarios. Se esforzará por diferenciarse de sus iguales asumiendo el juicio negativo que la ciudad formula sobre ellos (que son él mismo). En el mismo entorno encuentra el rechazo hacia su esfuerzo. Su pretensión lo sitúa en conflicto con los suyos y difícilmente logra la aceptación de la ciudad que se ríe de su pretensión. "Un hombre a caballo entre dos culturas difícilmente está bien sentado y es lógico que... no encuentre siempre el tono exacto" (A. Memmi). Este fracaso aumentará su frustración vital. Su entrada en la ciudad global se hará con inseguridades que le sitúan en la angustia: la de no poder llegar a integrarse, la de equivocarse y ser rechazado. Y terminará odiando aquello que más desea ser y aquello que es.
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se esfuerza en diferenciarse de sus iguales asumiendo el juicio negativo formulado sobre ellos, sobre él mismo |