REPORTAJES    20 de febrero de 2007        

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Experiencia en India

"A veces se hace difícil entender que las cosas sencillas puedan ser de tanta utilidad para los que no tienen nada"


Watershed. Probablemente, cualquiera a quien se le pregunte por este término nos devolverá la pregunta con cara de extrañeza, sin ocultar su ignorancia: ¿Watershed? “¿Y eso qué es?”. El Watershed es algo que yo tampoco conocía hasta que empecé a colaborar con Manos Unidas y tuve la oportunidad de viajar a India, donde este mecanismo destinado a recoger el agua de la lluvia, está cada vez más generalizado.

En India, la gran y misteriosa nación del continente asiático, donde las diferencias entre ricos y pobres son tan extremas que hacen daño, he podido descubrir, comprender y, sobre todo, aprender cómo se desarrolla la vida de los beneficiarios de nuestros proyectos. ¡Qué diferentes se ven sobre el terreno esas necesidades que nos explican (con toda claridad) en las propuestas que nos envían! Y es que, desde nuestro mundo desarrollado a veces se hace difícil entender que las cosas sencillas puedan ser de tanta utilidad para los que no tienen nada.

El Watershed es uno de estos casos de iniciativas sencillas y útiles, basado principalmente en la construcción de “estructuras” capaces de almacenar agua de lluvia en los lugares en donde ésta escasea. Nuestros amigos de India nos explican que en los terrenos elevados, donde se hace difícil almacenar agua, suelen vivir los más desfavorecidos y en el valle, donde proliferan los terrenos cultivables, los ricos. La naturaleza por sí misma “ayuda” a mantener esta distribución.

En época de monzones el agua cae por las laderas, arrastra la capa fértil del suelo y la deposita en el valle junto con el agua. Para conseguir que parte del agua que cae se quede por el camino, y vaya rellenando los acuíferos y los pozos, los labradores se emplean a fondo: cavan zanjas, perpendiculares a la pendiente, que intercalan en las laderas; construyen pequeños diques en los regatos, amontonan tierra y piedras formando ribazos para frenar el agua, construyen otros diques más grandes en los cauces mayores, cavan estanques pequeños que van disminuyendo en tamaño a medida que aumentan en profundidad. Además, recogen el agua de los tejados mediante canalones que van a un tanque donde la filtran para poder utilizarla para beber.

En nuestro último viaje a la costa Oeste de India, en el estado de Karnataka tuvimos ocasión de ver estas “estructuras” cuya utilidad hasta ahora, desde aquí, nunca hubiésemos podido imaginar. En las pequeñas presas hasta pueden pescar, pues tenían peces y cangrejos. Desde los estanques bombeaban agua a los terrenos colindantes; a pocos metros de distancia de un pozo que normalmente estaba seco, ahora podían sacar agua; las tierras de los alrededores estaban cultivadas… En definitiva, la vida de los agricultores había cambiado por el simple hecho de poder contar con algo del agua que les traen los monzones. Ya no tienen que emigrar a otras zonas, tienen trabajo en las tierras de sus antepasados.

En las reuniones con el comité que gestiona el watershed, formado por hombres y mujeres, supimos de todos los cambios y mejoras, que ha supuesto en sus condiciones de vida la implementación de un proyecto en apariencia tan rudimentario.

Puede pensarse que para cavar zanjas y amontonar piedras y tierra no hace falta ayuda económica, que cualquier persona puede hacerlo sin medios, y el pensamiento no sería erróneo. Pero hay una serie de gastos aparejados que deben ser cubiertos. Los días que los campesinos dedican a trabajar en el watershed, no pueden acudir a otros empleos de carácter temporal y estacionales, donde obtienen 30 ó 50 rupias al día (0,50/0,90 euros/día), el único ingreso para mantener a sus familias. Además, la construcción de los watershed contribuye a que aquellas personas del pueblo que no tienen tierras, accedan a un trabajo ayudando en las labores necesarias para que funcione esta estructura. Y todo esto tiene un coste.

Además, la necesaria intervención de técnicos, empresas u ONG especializadas en proyectos agrarios a la hora de identificar el lugar más adecuado donde construir un watershed, supone también un fuerte desembolso para la comunidad.

En este viaje visitamos también proyectos de desarrollo de las diócesis de Gulbarga en Karnataka y Amravati, en el estado de Maharashtra. Nos impresionaron especialmente los de prevención del Sida, los educativos, la residencia para niños físicamente discapacitados, los dedicados a grupos tribales, los de formación de grupos de mujeres para la generación de ingresos... De todos hemos aprendido y todos nos motivan a seguir trabajando para aportar nuestra gota de agua que permita que ese inmenso océano de pobreza salga del abandono.

Por Teresa Santoro
Dpto. de Asia


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